Falconer, John Cheever

Falconer es la novela más conocida del especialista en relatos estadounidense John Cheever (1912-1982), y supone una de las historias carcelarias más famosas y leídas.

Se cuenta las desventuras en prisión del antihéroe Farragut, que ha sido ingresado por un crimen traumático y desolador: el homicidio de su propio hermano. Farragut, que se define como inestable y sensible, es un homosexual tristemente casado, drogadicto que entra en una realidad pesadillesca y claustrofóbica, donde nadie es simpático y todos los días son igualmente hostiles, mientras sueña con arreglar las cosas de fuera y salir un día a una libertad nueva y con la experiencia de haber estado en una cárcel, de la que ha aprendido mucho, algunas cosas buenas y el resto malas, pero útiles.

Cheever se centra más en que conozcamos a Farragut por medio de explícitos y expresivos flash-backs que por su idiosincrasia dentro de la cárcel. Esto provoca que las escenas de la cárcel, a excepción de los tensos y logrados diálogos con Chiquito (el que le vigila constantemente), sean en general más flojas que los pasajes referidos a su matrimonio y a su periodo anterior a su vida en la cárcel. Pero de lo que no cabe duda es de que Cheever es un excelente narrador, dotado de todas aquellas virtudes que hacen evidentes en el lector su calidad al contar una historia: precisión, realismo, dureza (que no crueldad), elegancia y minuciosidad en el lenguaje. Con ello, el autor consigue crear en mayúsculas un personaje: el de Farragut, que nunca será el mismo desde que está en la cárcel, para bien y para mal, que es humano, que se arrepiente de algunas cosas y de otras jamás, que tiene deseos y que en el fondo se siente profundamente solo e incomprendido.

Hay que achacarle a la novela su precipitado final, con una (no destripo nada inesperado al decirlo) fuga que, de tan rápida narrativamente hablando, resulta inverosímil y a todas luces carente de ritmo. Pero supone un atisbo de esperanza para un protagonista perdido, sin aparente sentido existencial, que compone, con sus palabras y actos, una alegoría del hombre hastiado de la vida, atormentado y anonadado por el devenir de su existencia.

Con una exquisita alternancia entre el más frío y objetivo narrador en tercera persona y el más intimista y sobrecogedor monólogo interior, Farragut intenta en todo momento hacer partícipe al lector de su lucha por sobrevivir y mejorar como persona. Farragut es, en todo el libro, la mano que busca un soporte para agarrarse en un mar de porquería y fealdad. Salpicado enteramente por ese mar, pero intentando salir a la superficie y mojarse lo menos posible. Tan latente queda el humanismo de Cheever en todo el relato, que es casi imposible que el lector no se plantee qué haría en el lugar de Farragut, cómo se comportaría en la cárcel, qué recursos tendría en la manga para hacer soportable su estancia en esa cárcel estremecedora, de tono onírico y neurótico.

Falconer es, pese a su por momentos tediosa lectura y su complejidad, un excelente retrato del ser humano en situaciones extremas y un paisaje detallado de la oscuridad y desesperanza en un hombre que lucha por mejorar, día a día, aun con su pasado.

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