‘¿Ha llegado ya la Bisagra?’, o lo que tienen que oir los farmacéuticos

Guillermo Navarro, profesional del gremio durante 20 años, ha recopilado las más divertidas anécdotas que vivió.

bisagra

Desde hace décadas, están de moda los libros donde profesores recogen disparates más o menos ingeniosos que sus alumnos han escrito en los exámenes. Pero últimamente han empezado a seguir su estela profesionales de otras disciplinas a los que también suceden mil y una anécdotas cómicas generalmente provocadas por confusiones de sus clientes.

Entre éstos, también los farmacéuticos pueden narrar cosas muy curiosas y no menos hilarantes. Tampoco es de extrañar que los usuarios nos confundamos pues los prospectos de los medicamentos son tan extensos y complejos que parecen hechos con mala intención. Y, justamente anécdotas de clientes de farmacia es lo que nos ofrece Guillermo Navarro, propietario de uno de esos establecimientos ya jubilado.

Su libro lleva un título que es ya una anécdota por si solo: ‘¿Ha llegado ya la Bisagra?’, algo que sin duda le preguntó un cliente. Pero cuenta muchos más casos. Como el de aquella mujer que confundió un desodorante con pasta de dientes y fue a quejarse porque no hacía espuma. Cuando le aclararon el error, halló consuelo en que al menos le quitaría el mal aliento. O aquel otro cliente que confundió supositorios con cápsulas orales. O, en fin, aquella desconfiada que protestó porque el analgésico que le habían dado para el dolor de espalda era el mismo que tomó cuando le dolía la pierna.

Tema aparte es el de los supuestos productos adelgazantes. Respecto a ello, hay que mencionar a aquella mujer que no conseguía resultados positivos con ese tipo de barritas y es que, en vez de usarlas como sustitutas de la comida, las tomaba después del postre. Y, para terminar, no nos resistimos a contar otra anécdota realcionada con la Viagra. Un hombre, sin duda etusiasmado ante la cita que iba a tener, la tomó antes de estar seguro de ir a mantener relaciones sexuales. Finalmente, éstas no se dieron y la cosa terminó como todos pensamos: entró en el servicio de urgencias andando “igual que Chiquito de la Calzada y el perspicaz médico, en vez de un lavado de estómago, le recetó “una masturbación y para casa”.

Vía: Editorial Martínez Roca.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...