Jesús Ferrero nos trae un nuevo caso de Ágata Blanc

La investigadora privada que aparecía en ‘El beso de la sirena negra’ regresa, con la crisis como telón de fondo, en ‘La noche se llama Olalla’.

Plaza de Madrid

Aunque nunca había perdido su vigor, en los últimos años la novela policíaca parece estar viviendo una segunda «edad de oro». Tan es así que las obras de los grandes clásicos del género como Dashiell Hammett, Ágatha Christie o Georges Simenon están volviendo a ser publicadas. Y ello por no mencionar a los autores actuales -los nórdicos, Michael Connelly, James Ellroy, Andrea Camilleri, etc-, que venden cientos de miles de ejemplares de sus libros.

Incluso novelistas con una amplia trayectoria pero que nunca habían escrito narrativa policíaca se han lanzado a hacerlo. Así ocurre con Jesús Ferrero (Zamora, 1952) que, en 2009, publicó ‘El beso de la sirena negra’, donde contaba el primer caso de la investigadora privada Ágata Blanc, y ahora nos trae ‘La noche se llama Olalla’, una nueva historia de la detective.

Con treinta años de carrera literaria a sus espaldas, Ferrero se dio a conocer en 1981 con la novela ‘Belver Yin’, ambientada en la China de los años treinta y que ya reflejaba el gusto del autor por la cultura oriental, sobre la que volvería en ‘Pekín de la ciudad prohibida’. Ya instalado en Barcelona (había estudiado en París), allí publicaría el grueso de su obra: ‘Opium’, ‘Lady Pepa’, ‘Déborah Blenn’, ‘Los reinos combatientes’ o ‘El efecto Doppler’. Más tarde se instaló en Madrid, donde trabajó como profesor en la Escuela de Letras al tiempo que continuaba escribiendo.

Como decíamos, ‘El beso de la sirena negra’ supuso la aparición de Ágata Blanc, una investigadora que acostumbra a implicarse demasiado en sus casos. En esta novela recibía el encargo de averiguar el paradero de Alize, la hija de Lucía Valmorant. Para ello, se trasladaba a París donde, efectivamente, encontraba a la mujer pero también se veía atraída por ella a vivencias que nunca había imaginado.

Ilustracion china

Por su parte, en ‘La noche se llama Olalla’, Ferrero nos sitúa en el año 2012, cuando el mundo -según las propias palabras del escritor- parecía haberse sumido en la locura. Entonces, Ágata debe investigar la muerte de Olalla, aparentemente ocurrida en un accidente de tráfico. Sin embargo, el diario de la joven hace ver que fue drogada y violada. En un Madrid arrasado por los efectos de la crisis, la detective tiene que reconstruir la vida de la muchacha. Así, conocerá a su exnovio, que además ha sido desahuciado, y a su amiga Lucila, consagrada a la vida nocturna y a experimentar con las drogas y el sexo.

En suma, Ferrero construye una novela negra pero también un mosaico de la sociedad actual. Todos los elementos que vemos en ésta se hallan también en la novela: la corrupción, los desahucios, la violencia y el deseo de venganza y, en un plano más personal, la búsqueda del placer mediante las sustancias estupefacientes y el sexo. Y es que, como el mismo autor señala, en los tiempos de crisis los problemas mentales salen a la superficie y la venganza es siempre un motor muy potente.

Fuente: Noticias Yahoo.

Fotos: Jasón París y Phileole.

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