‘Juego de espejos’, de Andrea Camilleri

Un nuevo caso del peculiar comisario Salvo Montalbano, en esta ocasión más confuso que nunca a causa de una mujer.

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Detectives de novela hay muchos. Tenemos clásicos norteamericanos como el Sam Spade de Dashiell Hammett o el Philip Marlowe de Raymond Chandler, perspicaces británicos como el sagaz y aún más veterano Sherlock Holmes de Conan Doyle, nórdicos como el Martin Beck de Maj Sjöwall y Per Wahlöö o el inspector Wallander de Henning Mankell e incluso asíaticos como Chen Cao, del chino Qiu Xiaolong. Pero, al margen de los españoles, si hay uno que nos cae bien, quizá por su temperamento meridional, es Salvo Montalbano, creación del italiano Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925).

Precisamente ahora la editorial Salamandra acaba de publicar en España un nuevo caso del comisario siciliano. Se titula ‘Juego de espejos’ y muestra toda la maestría para el género del veterano novelista transalpino.

Camilleri se dedicó al teatro y a la televisión antes que a la narrativa. Suyos fueron excelentes montajes de obras de Luigi Pirandello, Samuel Beckett y T. S. Eliot. De hecho, publicó su primera novela, ‘El curso de las cosas’, a los cincuenta y tres años. Y más tardía aún fue su dedicación al género policíaco, pues la irrupción de Montalbano se produjo en ‘La forma del agua’, de 1994. Sin embargo, con éste puede decirse que halló su auténtica vocación, pues desde entonces nos ha brindado más de una veintena de libros entre novelas y recopilaciones de relatos breves. Así, en este tiempo, hemos ido conociendo al singular comisario de Vigata, amante de la buena comida y la lectura pero dotado de un carácter difícil.

Y también -como no podía ser menos- a sus peculiares colaboradores: su amigo “Mimí” Augello, la sueca Ingrid Sjostrom, el forense Pasquano, Fazio, Galluzzo o el impagable Catarella, con sus constantes errores al hablar que sacan de quicio a su jefe. En ‘Juego de espejos’, además, encontraremos a Montalbano un tanto confuso. Y ello no sólo por el caso que le ocupa (la explosión de una bomba casera frente a un almacén vacío) sino más bien por la aparición en escena de Liliana, una espectacular mujer que llega al vecindario y a la que su marido, siempre de viaje, no presta demasiada atención.

A despistar a Montalbano contribuye también el hecho de que alguien, mediante cartas anónimas y oscuras delaciones, parece estar interesado en guiar los pasos de la investigación en su provecho. En suma, la novela refleja la espléndida madurez del personaje y, sobre todo, la habilidad y buen hacer del magnífico novelista policíaco que es Andrea Camilleri.

Vía: Editorial Salamandra.

Foto: Associazione Amici di Piero Chiara.

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