La Bodega, Noah Gordon

portada de la bodegaEl problema de comprar un libro sólo porque el autor es de reconocido prestigio, es que cuando lo has terminado y no ha satisfecho tus espectativas en absoluto, desearías poder retroceder en el tiempo y haber elegido otra novela de autor desconocido, que por lo menos necesitará más el dinero que, en este caso, Noah Gordon (Worcester, Massachusets, 1926), y no puedes.

Tras esta parrafada por la que mi director de contenidos me tirará de las orejas, voy a resumir brevemente La Bodega para que nadie diga que no la leí. Comienza situando la acción el Sr. Gordon en la Cataluña del siglo XIX. Al pequeño pueblo de Santa Eulàlia le llegan noticias de lo que pasa en el mundo a través del tendero, Nivaldo, que procedente de Cuba es el único del pueblo que lee el periódico. Josep Álvarez llega desde Francia para ocuparse de las tierras de su padre, recientemente fallecido.

Su hermano vive en la ciudad y trabaja en una fábrica textil, por lo que Josep lo convence para que le venda su parte de las viñas. Nuestro protagonista ha estado viviendo en el país vecino durante varios años, porque avanzando la novela nos enteraremos de que participó sin saberlo en el atentado carlista que costó la vida al entonces presidente de la República el general Prim.

Entre unas cosas y otras, Josep hace el mejor vino de la comarca y se enamora de una muchacha del pueblo a la que su amigo dejó embarazada, y por supuesto, se casa con ella. Para más “rocambolizar”, el cura del pueblo es homosexual y mantiene una relación con el vecino de Josep. Cuando el párroco es depuesto de su cargo y lo envían lejos, su enamorado decide retirarse del lugar e irse a vivir con su hermana, por lo que también le vende las viñas a Josep. En estas estamos cuando un asesinato viene a complicar la cosa, pero no os preocupéis, porque Noah Gordon lo resuelve en dos minutos de la forma más simple y descorazonadora posible.

Al final, todos felices comiendo perdices. Una vergüenza literaria que nos venden como lo más de lo más. El Sr. Gordon pretende apelar a nuestra conciencia patria (como si la tuviéramos) para que compremos la novela. Dice textualmente “Con el tiempo llegué a constatar que deseaba escribir sobre un hombre que viviera en España y que se atreviera a soñar con la posibilidad de elaborar un buen vino“. ¿Cómo? ¿Me lo repita? ¿Que dice qué? Vamos a ver. Por partes. Si quiere hacer una novela sobre España, pues vale, la hace y punto. Si quiere escribir sobre el vino, pues de acuerdo, escriba. Pero no me diga que la novela es un deseo suyo personal, porque le ha salido un auténtico churro. Espero que en su próxima obra nos demuestre que sigue siendo el maestro que descubrí en El Médico o Chamán, porque este no es un libro propio de alguien de la talla de Noah Gordon.

noahgordonLo cierto es que me parece que la historia es buena, es decir, está ubicada en un periodo histórico nada trillado. Podría haber quedado estupenda, pero no ha sido así. Por otras declaraciones que he leído de este señor me atrevo a conjeturar que alguien le ha propuesto que escriba un libro cuya historia se desarrolle en España y tenga que ver con el vino. Entonces el escritor de obras tan interesantes como El Último Judío o El Rabino, estando ya retirado del mundo literario y viendo que no podía desarrollar una novela como las que en otro tiempo le caracterizaron (recordemos que tiene 81 años), ha escrito una “obrilla” fácil de leer, nada complicada, previsible desde el primer renglón hasta el último y ha dicho (imagino): “pues allá vamos, seguro que es un éxito porque es mío”. Aclaro que éstas últimas no son declaraciones de Noah Grodon, por si queda alguna duda.

Resumiendo: no me ha gustado, no tiene el más mínimo sentido del ritmo narrativo, no es representativa, es absolutamente previsible, no tiene ni siquiera vuelcos en la trama, no aporta datos relevantes, no emociona. Acabo de escribir una mentira, sí emociona, y mucho, porque al terminar de leerla (por cierto, me duró cuatro horas) tenía dos lagrimones asomando por los ojos al pensar en los veintitantos euros que me había gastado y que me recordarán eternamente que un buen escritor puede escribir también libros regulares.

Posiblemente esta reseña no aparecerá en el dossier de prensa de la página oficial de la novela…

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