La Cabeza del Cordero, Francisco Ayala

Lo primero que cabe reseñar es que para la literatura española es un orgullo haber contado con Francisco Ayala (1906- ), como uno de sus más lúcidos narradores. La Cabeza del Cordero (1949) es una colección de relatos que trata la deshumanización, la resignación, el remordimiento, con una ironía palpable a lo largo de toda la obra.

Lo más disfrutable de este conjunto es la sensación de Ayala de tener los ojos muy abiertos en todo momento, con un estilo minucioso y detallista, una forma de expresión muy rica y medida, y unas frases implacables, coloquiales pero llenas de intelectualidad, de forma que a veces se hace necesario dejar de leer y reflexionar unos instantes para recrearse ante el talento de este eterno candidato al Nobel. Escritor, pero ante todo observador por vocación, que nos deleita con paradojas como ésta: “A la invención literaria se le exige verosimilitud; a la vida real no puede pedírsele tanto”. Pertenece este extracto a La Vida por la Opinión, una especie de reflexión autobiográfica cotidiana con aires de ensayo literario, en el que es clara la intención de hacer llegar a todo el mundo la preocupación intelectual de nuestro tiempo mediante un lenguaje mundano, de tendencia poética, pero minimalista.

La estructura de narración es eminentemente actual, con un toque personal y símbolos en lo cotidiano, como en La Cabeza del Cordero, relato en el que su protagonista, José Torres, viaja a Marruecos a pasar unos días con unos familiares. Es un relato hermoso, lleno de connotaciones sociológicas, en el que la indigestión por una cabeza de cordero hace plantearse el pasado de una forma incómoda.

El tajo, que bajo mi humilde punto de vista es su relato más logrado, se centra en el teniente Santaolalla, que tras matar en la guerra civil a un miembro del bando contrario, se obsesiona con la idea de devolver sus efectos personales a su familia a modo de redención. La manera en que, de forma sorpresiva, se expresa la no-correspondencia entre las buenas intenciones y la dura realidad, es un admirable acto de maestría que conforman uno de los mejores relatos que un servidor haya leído.


El Mensaje y El Regreso, sin que sean menos importantes, son relatos más convencionales que recrean la época bajo una fijación por el día a día, ese mencionado insistir en tener los ojos abiertos, en el que cada detalle importante sólo por haber sido contado. Los diálogos resultan tan naturales y tan dinámicos que se hacen imprescindibles para el desarrollo de los relatos.

En definitiva, Francisco Ayala nos proporciona una colección de relatos muy estimable, fundamental en la literatura española para contemplar las preocupaciones de la época, de radiante actualidad, y para entender la trayectoria de Francisco Ayala, probablemente el autor español más infravalorado del siglo XX.

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