‘La detective miope’, de Rosa Ribas

Un caso de la investigadora Irene Ricart, una mujer traumatizada por el asesinato de su marido e hija.

La detective miope

Hace poco más de un mes, la Semana Negra de Gijón entregaba sus premios literarios. El más importante de ellos es el Dashiell Hammett a la mejor novela policíaca publicada el año anterior y fue a para a manos del canario Alexis Ravelo por ‘La estrategia del pequinés’. Pero el jurado también hizo mención especial a ‘Don de lenguas’, de Sabine Hofmann y Rosa Ribas, por su excelente calidad literaria.

Y es que, si bien la primera es relativamente nueva en el género negro, no ocurre así con la catalana Rosa Ribas (El Prat de Llobregat, 1963), quien ya cuenta con una amplia trayectoria en la narrativa policíaca.

Ésta empezó concretamente en 2007 con ‘Entre dos aguas’, primera entrega de las tres novelas protagonizadas por la comisaria de Francfort Cornelia Weber-Tejedor, quien debía investigar el asesinato de un español llamado Marcelino Soto, un hombre al que aparentemente todo el mundo apreciaba. ‘Con anuncio’ y ‘En caída libre’ completarían después la trilogía de este personaje de padre alemán y madre española. Y no es casual este rasgo, ya que Rosa Ribas vive desde 1992 en la propia Fráncfort, primero dedicada a dar clases de castellano y ahora exclusivamente a la escritura. Antes, había hecho un poco de todo, desde trabajar como profesora de griego (según propia confesión, sin saber nada de esa lengua) hasta ejercer de árbitro de baloncesto. Y también había publicado una novela histórica, ‘El pintor de Flandes’, inspirada por un singular cuadro del Museo del Prado.

En cuanto a ‘La detective miope’, fue publicada en 2010, entre la segunda y la tercera entrega de las novelas de Cornelia Weber-Tejedor. Quizá para liberarse de ésta, concibió otra protagonista. En este caso, se trata de la detective Irene Ricart, quien acaba de salir de una clínica psiquiátrica donde fue internada tras el asesinato de su marido y su hija. Curiosamente, el trauma le ha provocado una fuerte miopía que dificulta su nuevo trabajo en la Agencia Marín.

El primer caso que recibe es el de seguir al hijo de un industrial textil por encargo de éste. El muchacho, Jaume, está destinado a heredar el negocio pero lleva un tiempo comportándose de modo extraño. Al tiempo que, tras él, se sume en un mundo de drogas y pornografía, Irene busca al asesino de su esposo e hija. Y se obsesiona con una singular teoría sofística que dice que entre uno mismo y cualquier otra persona en el planeta hay seis grados de separación. En consecuencia, entre ella y el criminal tan sólo hay cinco intermediarios. Deberá saber quiénes son. Se trata, en suma, de una buena novela, bien planteada y con un desarrollo convincente.

Vía: Web oficial de la escritora.

Foto: Debolsillo.

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