La velocidad de la luz, Javier Cercas

La velocidad de la luz es la cuarta novela de Javier Cercas, profesor de literatura de la Universidad de Girona, que alcanzó un notable éxito de público y de crítica con Soldados de Salamina(2001), adaptada a la gran pantalla bajo la dirección de David Trueba un año después de su publicación (como suele suceder, la novela supera con creces a su adaptación cinematográfica).

Para los que leyeron su anterior novela debemos comenzar diciendo que si bien en ésta aparece también el tema de la guerra, en este caso la de Vietnam, lo cierto es que La velocidad de la luz tiene poco que ver con Soldados de Salamina. No es otra novela testimonio (recordemos que en Soldados de Salamina el propio Javier Cercas participa en la historia como uno de los protagonistas de su propia novela, el periodista que investiga los hechos que rodearon a la fuga del fascista Sánchez Mazas, que sobrevivió a un fusilamiento colectivo durante la Guerra Civil española) sino una novela más reflexiva, en la que lo fundamental no es un suceso o sucesos concretos de una concreta guerra, o cómo alguno de sus protagonistas los vivió y los sintió. Ahora también encontraremos el relato de algún sórdido episodio de la guerra de Vietnam (no muy diferente de los que hemos visto una y mil veces en películas como Apocalypse Now o Platoon) pero lo importante ahora son los sentimientos, las reflexiones personales, que son los del propio autor, acerca de cuestiones como la incapacidad de superar el éxito (de cómo y en qué medida destruye a quien lo consigue), la destrucción de la conciencia del bien y del mal en un combatiente (de cómo y en qué medida la guerra es capaz de hacer aflorar en él lo peor del ser humano), el deterioro de las relaciones personales (de cómo y en qué medida podemos conducir al fracaso nuestros lazos afectivos y personales)…

La Velocidad de la Luz Lo cual no significa que sea una novela carente de trama, o que no mantenga al lector constantemente interesado por el desenlace final de la historia. Todo lo contrario. La trama sufre constantes cambios, quizás demasiadas vueltas de tuerca, lo que en algunos momentos puede dar la sensación (eso me ha parecido a mi) de que el narrador está forzando demasiado la situación. Esto se aprecia especialmente en la parte del libro en la que se relata la vuelta del escritor español tras su experiencia en Estados Unidos, su repentino y desbordante éxito como novelista, su particular viaje al lado más oscuro de ese éxito, y especialmente en ese intento de hacer de algún modo paralelas las vidas y las experiencias de sus dos principales protagonistas.

En cuanto al argumento creo que no debo apuntar más de lo dicho (el protagonista llega a Urbana, en Estados Unidos, como profesor ayudante, y conoce a Rodney Falk, excombatiente de Vietnam, cuya personalidad y amistad influirá decisivamente en su vida, especialmente cuando a su regreso a España comienza su particular tragedia personal), porque como ya he dicho es intensa, cambiante, y merece la pena ir descubriéndola página a página.

Así que quizás sea preferible transcribir alguna de esas reflexiones que el autor, a lo largo de la narración, se plantea y nos plantea a través de sus personajes. De este modo, dirá que el escritor es un chiflado que tiene la obligación o el privilegio dudoso de ver la realidad, y por eso, cuando un escritor deja de escribir, acaba matándose, porque no ha sabido quitarse el vicio de ver la realidad pero ya no tiene un escudo con que protegerse de ella, o que el éxito es letal, una desvergüenza, un desastre sin paliativos, una humillación para siempre. Respecto a la guerra, destacaré el párrafo que da título a la novela, clarificador acerca de cómo el hombre es capaz de lo peor y de las terribles secuelas que la guerra puede dejar en la conciencia de quien ha participado en ella: Rodney Falk, en una de las cartas escritas a su padre durante la guerra, dice que todo el mundo debería tener derecho a matar, para ensancharse y alargarse y prolongarse cuanto pueda, para alcanzar esas caras de éxtasis o beatitud que yo he visto en la gente que mata, para conocerse a fondo o ir tan lejos como la guerra le permita, y la guerra permite ir muy lejos y muy deprisa, más lejos y más deprisa todavía, más deprisa, más deprisa, más deprisa, hay momentos en que de repente todo se acelera y hay una fulguración, un vértigo y una pérdida, la certeza devastadora de que si consiguiéramos viajar más deprisa que la luz veríamos el futuro.

Sin duda es una apuesta arriesgada, una novela a la que se le pueden encontrar ciertas pegas, como ya hemos dicho, pero en conjunto es una novela intensa, profunda, y además entretenida. Son argumentos más que suficientes para no dejar de leer una obra que demuestra que el éxito de Soldados de Salamina no fue una casualidad ni un hecho aislado.

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