Las Lágrimas de Henan, Antonio Gómez Rufo

las-lagrimas-de-henan.jpgCuando este libro cayó en mis manos pensé en lo extraño que me parecía que un escritor español ubicara su historia en la China comunista. Aparentemente esta singular localización no tiene nada de extraordinario, pero en los últimos años se habla mucho de que el futuro pasará por las manos de la población china. Es interesante conocer más sobre los inmigrantes más trabajadores y callados que habitan nuestro país. A pesar de que la historia no es nada corriente, sí podemos saber mucho de los personajes en su vida cotidiana, aunque el final sea trágico y violento.

En la provincia china de Henan, lejos de Pekín y de la exasperante burocracia que desde hace miles de años ha caracterizado al imperio chino, está el pueblo de Yanshi. En él habita el señor Wong, un campesino de pocas palabras y menos inquietudes. Tan sólo un deseo que en Occidente nos parecería irracional, guía su vida: tener un hijo varón que le sobreviva y labre los campos cuya titularidad comparte con el estado, y sus escasas posesiones. Tomó la decisión de casarse y tener muchos hijos el mismo día de la muerte de su padre. Pero el señor Wong tiene ya dos hijas, y la penalización por tener otro hijo puede llegar, incluso, a llevarlo a la cárcel.

A pesar de la amenaza que se cierne sobre él y su familia, el campesino continúa haciendo planes de futuro e ilusionándose ante la posibilidad de que su mujer se quede embarazada de nuevo y le dé un varón. Transcurre así una vida sencilla rodeada de otras vidas igualmente simples. Sus amigos del pueblo se reúnen y charlan sobre lo que pasa en el país, pero siempre en voz baja, no vaya a llegar a oídos de los representantes gubernamentales y les hagan azotar o ahorcar por sus opiniones.

Feng Wong comparte su humilde vivienda con su esposa, la señora Lin Lizhou, sus dos hijas y la madre de su ella, la Mujer de los Tres Olvidos. Es una anciana que no habla. Vivió los horrores de la Segunda Guerra Mundial y desde aquel momento permaneció en el más absoluto silencio. Pasados los años consintió casarse con un hombre mayor al que puso como condición no mantener relaciones sexuales. Pero tras beber demasiado licor de melón, se quedó embarazada de su única hija, y partir de ese momento comprendió cuánto amaba a su marido y vivió por y para él el resto de su vida. Otra vez volvió al silencio tras la muerte de éste, por eso la llaman la Mujer de los Tres Olvidos: se le olvidó reír, hablar y vivir.


Cuando su mujer finalmente se queda embarazada, todo son presiones para ella, pues sabe cuánto desea su marido un niño. Incluso el futuro padre llega a sobornar a un médico para que le haga una ecografía en el sexto mes de embarazo: si es una niña, obligará a su mujer a abortar, no puede permitirse el lujo de tener otra hija, el dinero es muy escaso y las niñas no valen la pena. Pero la ecografía demuestra que es un varón.

Precisamente en el momento en el que la vida parece sonreír al señor Wong, la joven más bella del pueblo lo acusa de violación. La situación se hace difícil para él, pero su esposa habla con el padre de la chica y éste retira la denuncia, previo pago de tres mil yuanes. Entonces la economía familiar está más resentida que nunca, pues la multa a la que se enfrentan por tener otro hijo es muy elevada, tres mil yuanes.

la-gran-muralla-china.jpgOtra nueva desgracia se cierne sobre la vida de los habitantes de Yanshi: Sun Xao, que a la sazón es un revolucionario y uno de los amigos de Feng Wong, es detenido por amenazar e insultar al alcalde del pueblo y condenado a muerte. A pesar de ello el señor Wong debe celebrar el nacimiento de su anhelado hijo varón.

La historia termina mal, muy mal, no adelanto acontecimientos porque es importante leerlo con cierta expectación. Según vamos llegando al final, se cierne sobre el lector una sombra de tristeza, de agonía, porque durante toda la novela el protagonista no hacen más que intentar superar las adversidades del destino, a pesar de que en la mayoría de las ocasiones son culpa, única y exclusivamente, de su irrefrenable deseo de descendencia masculina.

Cuando termina alguna situación difícil o comprometida, siempre se dice que si lo hubiéramos sabido antes, habríamos tomado otras decisiones; pero yo siempre pienso que eso es absurdo. No sabíamos el resultado a priori. No se puede dar marcha atrás: si el señor Wong hubiese tomado la decisión de no tener más hijos, nada habría sucedido, pero también es cierto que si no hubiese terminado de la forma en la que lo hace la historia, habríamos pensado de él que era un hombre valiente y que persiguió su sueño hasta el final. Es algo aleatorio. Podría haber terminado bien o mal, con indiferencia de las elecciones que se han hecho en el camino.

Nunca se sabe lo que es mejor, por tanto es necesario considerar el conjunto de posibilidades que tenemos ante nosotros para decidir en consecuencia, y no pensar en los que tendríamos que haber hecho. Las lamentaciones sólo tienen lugar ante el fracaso; cuando sobreviene el éxito, todas las decisiones se consideran correctas, aunque realmente no lo hayan sido o podrían haber sido mejores. Es una cuestión de suerte

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