Las Ninfas, Francisco Umbral

Con el reciente fallecimiento de Francisco Umbral (1935-2007), me veo obligado a honrarle con mi visión de su más conseguida novela: Las Ninfas, ganadora del premio Nadal en 1975.

La obra es un canto a la adolescencia en su más amplio sentido. Autobiográfica, comienza con un inolvidable tratado sobre la masturbación, y anda buscando la libertad, la huida hacia un mundo mejor y el rechazo hacia una sociedad asfixiante y bipolar.

Con un lenguaje sensual y lírico, donde se aprecia un respeto por la palabra magnífico e insuperable, Umbral nos conduce a un relato muy bien llevado sobre el idealismo adolescente, nos introduce en ese mundo a caballo entre el idealismo infantil y la resignación adulta.

El autor nos presenta el joven que querría haber sido, el que posiblemente querríamos haber sido todos, el que reniega de los adultos pero no comprende la felicidad de los niños. Umbral nos expone el perfil perfecto del “joven escritor”, de un modo análogo al que creó James Joyce con su Retrato del Artista Adolescente. Francisco (a secas), así como el Dedalus de Joyce, necesitan (tanto como respirar) romper con lo establecido y poner en orden sus vidas. Necesitan consolidarse acorde con sus sueños y anhelos. La impotencia de realizar esto con la cabeza fría y sin poder controlar sus circunstancias y factores externos hace que Las Ninfas esté cargado de melancolía y de profunda expresión artística, convirtiendo a la obra en una novela muy identificativa de su época, su entorno y del universo del eterno aspirante a escritor.

Asimismo, es un libro clave en cuanto al tratamiento de la mujer, a veces idealizado, otras veces visto con hastío, al no poder ninguna chica del barrio saciar su sed de hallazgo de su mujer ideal, esa ninfa que le sirva de musa para esa literatura que ha de escribir, y esto repercute notablemente en las relaciones del protagonista con las féminas que se cruzan en su vida. Cabe destacar una escena sexual entre vinos e inseguridad, visualmente intenso y estéticamente rico y portentoso.

El caos palpable en el desarrollo argumental de la novela es el de la mente del protagonista, que apenas sabe lo que quiere, que sabe de dónde viene pero no sabe a dónde va. Es el del miedo al fracaso. Del pánico a no cumplir lo que una vez, de niño, se había propuesto que sería. De la explosiva combinación entre las altísimas expectativas impuestas en la infancia con el espeluznante conformismo de los años posteriores.


Umbral supo expresar con Las Ninfas los temores y los devenires de aquellos jóvenes diferentes, los que por un lado ansían a la mujer más que nada pero por el otro sabe que sólo vive por y para escribir, con lo que el anhelo de estar escribiendo ininterrumpidamente, de vomitar su melancolía y su miedo a la vaciedad, es el principal tema que se expone en esta novela. Las Ninfas impacta y golpea, reflexiona y hace reflexionar.

Con un estilo insuperable, Umbral demuestra, sólo con este libro, que se trata de uno de los autores con más talento de la literatura española del siglo XX, quizás al mismo nivel que otros grandes como Camilo José Cela o Miguel Delibes, no sólo por su prolífica obra de calidad, sino por su extraordinario análisis del ser humano y de la época a través de su literatura.

Las Ninfas es su obra más estimable, una suerte de autobiografía retrospectiva, y merece la pena leerlo como puerta a la obra de un escritor infravalorado y dotado de una maestría y sabiduría que desgraciadamente tardaremos en volver a ver en nuestro país.

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