Libros giratorios: cómo en la Edad Medieval se revolucionó la literatura

En la edad media, consultar un libro era un verdadero proceso, hasta que se produjo esta solución.

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En la Edad Medieval, consultar un libro era más complicado de lo que se piensa. Actualmente el tamaño y el formato de los libros permiten que se consulten con mayor practicidad. Sin embargo, en esa época los ejemplares eran de grandes tamaños y pesados que dificultaban buscar con rapidez alguna información.

Para los estudiosos de la aquellos tiempos suponía un reto trabajar con estos ejemplares. La mayoría de ellos ocupaban la mitad del escritorio, y para escribir se tenía que tener mucho cuidado. El papel del que estaban hechos era costoso y escaso. Por ellos se empleaban algunas estrategias para poder leerlos con cuidado.

Algunas técnicas empleadas

Una de las técnicas que emplearon en su momento fueron los soportes de madera tipo cuña. Estas servían para tener los libros abiertos, mientras se consultaba, sin dañar el ejemplar. Este era un recurso que solventaba parcialmente el problema.

En el caso específico de los escribas, estos idearon unos soportes de altura, que les permitían sostener los libros y textos. Estos atriles múltiples venían de diferentes materiales, donde se podía copiar los textos desde la versión original, sin problemas.

Sin embargo, el inconveniente más grave era el mover los libros de un lugar a otro, ya que eran sumamente pesados y se requería de una solución para transportarlos. Esto conllevaba a una pérdida de tiempo para revisar cada volumen, y para devolverlo a su lugar.

Los libros giratorios

Es entonces cuando se crearon los libros giratorios o carruseles, también llamados “facistoles”. Este dispositivo facilitaba la lectura de quién consultaba cualquier ejemplar, ya que se podía conectar a un atril de cuatro caras o más, permitiendo girar con facilidad.

Estos libros giratorios causaron una verdadera revolución la literatura en la edad media. Logró optimizar el tiempo de búsqueda de los académicos ya que facilitaba el pasar de un capitulo a otro.

El origen de estos dispositivos giratorios no se conoce con exactitud. Se presume que provienen de los atriles con varias caras que eran destinados a colocar los libros en las iglesias.

A medida que esta técnica fue generando aceptación en la población, fueron evolucionando sus diseños y medidas, adaptándose a cada necesidad. Se fueron incorporando uno o dos de estos carruseles en los escritorios de todos los autores de la época.

Era un artefacto imprescindible para facilitar a los lectores la consulta de los libros. Con el tiempo siguió la innovación de los tipos de carruseles. Aparecieron los verticales con mayor tamaño, ideales para tener decenas de libros.

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