Los bosques de Upsala

Bajo este título aparentemente sencillo, el periodista y escritor Álvaro Colomer ha construido una novela compleja en la que la muerte tiene un protagonismo equiparable al del resto de los personajes, es una protagonista más, de hecho es la gran protagonista de la novela. No en vano, Los bosques de Upsala supone la conclusión de la Trilogía de la muerte urbana de Colomer, iniciada hace ahora nueve años y de la que también forman parte La calle de los suicidios , publicada en el año 2000 y Mimodrama de una ciudad muerta, editada en 2004.

Portada de Los Bosques de Upsala

Portada de Los Bosques de Upsala

Enfrentarse a la muerte es complejo. Lo es cuando se aborda en una película o cuando se aborda en un libro. Retratar la tendencia suicida lo es aún más. Sin embargo, a este autor no le asusten los retos. Los montes de Upsala trata sobre el suicidio y el abandono, sobre ese sentimiento de rendición que hace que uno se plantee que la única solución a los problemas que le acucian es huir, abandonar este mundo. Pero también es un cántico a la esperanza de una vida mejor, un himno al amor de un hombre por su mujer, una mujer que ha perdido la esperanza y a la que él intentará salvar, consciente de que sin ella, no será posible que él prosiga con su existencia. Una historia de amor “tenebrosa”, como la define en sus entrevistas el propio Colomer, pero “historia de amor al fin y al cabo”, ya que no puede haber una mayor prueba de entrega que la de estar dispuesto a morir si desaparece aquel a quien amas.

Narrada en primera persona, Los montes de Upsala nos traslada al día a día de Julio Garrido, ese hombre cuya existencia queda trastocada el día de su quinto aniversario de bodas, cuando llega a su casa y descubre que su mujer, Elena, no está. Entonces Julio recuerda que Elena, como su cuñado, tiene unas incontrolables tendencias suicidas y la descubre dispuesta a acabar con su vida arrojándose por el balcón.

A través de los recuerdos de Julio conoceremos la compleja historia de Elena y la del propio Julio, marcada por la muerte desde que, siendo solo un niño, asistiese al suicidio de su vecina- también arrojándose desde el balcón- en una de esas macabras coincidencias que a veces tiene el destino. Y lo hace a través de anécdotas, de viejas historias que , a pesar de lo duro de la realidad que describen , consiguen hacernos sonreír y consiguen que el lector termine la obra con una sensación de optimismo, con más ganas de enfrentarse al día a día.


Colomer

Colomer

Pienso que los locos de nuestro siglo parecen cuerdos y que cada mañana cuando salgo de casa para dirigirme al trabajo camino junto a un montón de tarados que aunque en el presente se muestren serenos, podrían cambiar de actitud en cualquier momento”, asegura Julio, intentando comprender el porqué de esa tendencia obsesiva de su esposa hacia la muerte. Y es que , el suicido es, según Colomer, “ la gran epidemia del siglo XXI” y también una de las epidemias más silenciosas. Ninguno de nosotros queremos enfrentarnos a la posibilidad de que, un día estemos tan desesperados cono para desear nuestra propia muerte y , mucho más duro es pensar que un amigo, familiar alguien a quien queremos esté dispuesto a quitarse la vida porque no haya ningún consuelo. Pensar eso es admitir nuestra derrota como seres humanos capaces de sentir empatía por el otro, capaces de escuchar y de ser escuchados, de proporcionar un consuelo al que sufre. Hablar del suicidio es, cono dice Colomer, tenebroso, quizá desagradable. Por todo ello, hay quien puede considerar que Los montes de Upsala es una novela macabra, pero al final, lo único que está haciendo es cerrar ese círculo de negación de la muerte con el que las sociedades actuales parecemos estar tan cómodas. Los medios de comunicación, asegura Colomer, evitan hablar del suicidio porque temen que se produzca una especie de contagio masivo, una reacción en cadena similar a la de una gripe… “Lo único que induce a la gente al suicidio es no hablar de ello”, es la sentencia con la que él zanja la discusión.

Leer la novela de Colomer puede entenderse como una forma de aprendizaje, una puerta abierta hacia un debate que, aún siendo desagradable, debe ser abordado. Una herramienta, en definitiva, para reconciliarnos con los fantasmas de una sociedad en la que, a pesar de que parecemos haber alcanzado las más altas cotas de progreso e innovación, todavía hay gente desesperada a la que no sabemos cómo prestar ayuda.

Tras escribir durante nueve años sobre la muerte y sus consecuencias para quienes sufren la pérdida de un ser querido, Álvaro Colomer se muestra dispuesto a pasar página y a volver la mirada hacia un horizonte distinto: la guerra. El por qué este autor, que antes de escritor fue periodista, siempre escoge los temas más amargos para sus obras es una pregunta que Colomer no duda en responder cuando concede entrevistas. La literatura la concibe como compromiso con la sociedad, de la misma forma que entendió siempre la práctica del periodismo. Con solo treinta y seis años, este catalán ha completado su primera trilogía y ha escrito varios libros periodísticos de reportajes, que destacan por su humanidad al acercarse a las historias de quienes sufren, de los olvidados. Se alquila una mujer. Historias de putas, publicado en 2002 y Guardianes de la memoria. Recorriendo las cicatrices de la Vieja Europa (2008), son una prueba de ello.

Galardonado por el Instituto Internacional de Periodismo y Comunicación, con el premio Internacional de Excelencia Periodística de 2007 por su reportaje sobre las consecuencias del desastre de Chernobil, Colomer no renuncia al periodismo. Colaborador habitual medios como La Vanguardia, El Mundo, Qué leer o Yo Donna, Colomer alterna periodismo y literatura y escribe su propio blog, que le ayuda mantenerse en contacto con sus lectores.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...