Los peligros de la autoedición

Cuando compramos un libro, ese producto final ha pasado por diferentes procesos que se resumen en tres momentos: la creación, la edición y la comercialización. La creación depende del autor y la edición y comercialización, de la editorial. El problema para el autor es conseguir que la editorial apueste por su obra, después de hacer un informe de lectura y un análisis de venta previo. La mayor parte de las veces la respuesta es no.

El autor que siga en su empeño de publicar su libro tienen una segunda opción que es la de la autoedición. Hasta hace poco, la autoedición se contrataba en empresas editoriales que hacían un presupuesto de edición y comercialización de la obra que el propio autor debía sufragar (los costes no son tan elevados como pueda parecer al principio).

Ahora, Internet ha ampliado las posibilidades de edición con la denominada edición bajo demanda. Empresas como Bubok o Lulu dan la posibilidad de que el autor «suba» su obra a una plataforma digital, elija la portada, elija el formato de publicación y un precio de venta al público. El libro se comercializará a través de la Red y solo se imprimirá cuando un comprador lo desee.

Esta posibilidad de autoedición es una muy buena oportunidad de dar a conocer una obra pero tiene riesgos. Estos surgen del desconocimiento del trabajo en las editoriales, que son vistas como enemigos que únicamente buscan el interés comercial (algo que no niego). Sin embargo, el trabajo del editor sirve la pulir y mejorar en todos los sentidos la obra de un autor.

Un buen editor debe trabajar mano a mano con el creador mostrándole lo bueno y lo malo del escrito, corrigiendo errores, controlando el contenido, asesorando en la ilustración y en el diseño. Muchos se sorprenderían de la calidad de originales que llegan a editoriales y que terminan vendiéndose como un producto más que potable. Este paso puede saltarse en la autoedición y, con ello, dejar a disposición del público un producto de mala calidad y sin revisar: datos sin comprobar, plagios, faltas de ortografía, mala estructura del texto, falta de claridad en las ideas, etc.

Las plataformas de autoedición suelen ofrecen servicios editoriales que cobran al autor por lo que algunos creadores sin presupuesto obvian este paso y dejan su obra «a pelo» en Internet. ¿Puede la mala calidad de los escritos «matar» a estas plataformas?

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