Millás y su mirada irónica del adulterio

Juan José Millás empuñó su pluma durante varios años para retratar la figura furtiva de los adúlteros hasta que esta dispersión propia de estos personajes escurridizos los recopiló -los casó- en 2003 en una edición de bolsillo bajo el título de Cuentos de adúlteros desorientados. Desorientados están estos mortales que juegan al escondite e intentan orientar su felicidad, marchitada ya por la erosión irremediable de sus matrimonios y por la búsqueda de un sentido último a sus miserables vidas sexuales.

Cuentos de adúlteros desorientados Los relatos exhiben todos una narración sencilla y comprensible para la gente de a pie, si bien esta enfermedad sugiere que sobre ella se ejecute un diagnóstico científico porque la variedad de sus representaciones o lo extremo de sus situaciones escapan muchas veces al entendimiento de sus propios actores como nos sugiere en el cuento El adulterio como vocación, en el que el adúltero se entrega con fe religiosa a su vocación sin saber realmente la razón de ello.

En algunos cuentos se deja que el lector juzgue quién es verdaderamente cada cual de los personajes porque, a veces, la noche que confunde o, a veces, la propia definición conceptual de los mismos se entremezcla porque una persona puede cometer adulterio con una mujer que lo abandonó y casarse con otra del mismo nombre (Beatriz), pero pensando en su antiguo amor.

En otros, los adúlteros y las adúlteras no dejan lugar a las dudas porque actúan con premeditación, aunque tal es la premeditación que, en ¿Somos Felices?, Millás, descubre a una marido que se entera del adulterio de su mujer a través de la emisora de un taxi, la cual solicita a un taxista para cubrir el recorrido exacto que va desde la casa de su amigo de la infancia a la suya, donde vive su mujer: la adúltera.

Existen dos cuentos con títulos explícitos y significativos como Adulterio, que reflexiona irónicamente sobre la máxima humana de querer siempre lo que se acaba de dejar; y El adúltero desorientado, en el que Millás enseña las reflexiones y coincidencias que pueden desorientar sin regreso al protagonista pecaminoso. Pero en muchos casos, el adulterio se ejerce desde el pensamiento, como en un autobús en el que coinciden dos personas casadas, pero infelices, que se conforman con imaginar un mundo más allá del yugo de sus compromisos, hasta que la muerte los une felizmente en dos nichos contiguos por azar como ocurre en El Paraíso era un autobús.

Millás recuerda que sus protagonistas son, en mayor número, adúlteros reales, aunque el “adúltero imaginario (el de pensamiento) corre otros peligros, a veces más fuertes que los reales, que quizá en el futuro sean materia de otro libro”.

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