Obras universales escritas entre barrotes

La inspiración siempre fue un elemento esencial para todo buen escritor. Y si echamos un rápido vistazo al pasado observamos con sorpresa que las grandes inspiraciones literarias se han dado en esos lugares tétricos, sombríos e incluso tenebrosos que reciben el nombre de cárcel. Sí, resulta desconcertante que grandes obras maestras hayan sido escritas entre rejas, aunque si lo pensamos bien, nunca dispondremos de mayor tiempo libre y de un espacio más parecido al cuarto oscuro de los escribanos que el que hallemos encerrados en prisión. Algunos personajes célebres de la historia fueron encarcelados por cometer crímenes o, incluso, por algún tipo de injusticia social, pero supieron compensar su desgracia. Mientras cumplían su condena, aprovecharon su aislamiento para redactar libros que han impactado a la humanidad. Veamos ocho ejemplos representativos:

Cárcel

Algunas obras universales fueron escritas desde la cárcel.

  1. «Mi lucha». ¿Quién no ha oído hablar de este libro escrito por Adolf Hitler en el verano de 1924 desde la prisión de Landsberg? El haber planificado el nulo intento del Golpe de Múnich le valió cinco años de cárcel a este dictador alemán que, por contra, supo aprovechar muy bien. Esta obra, que recopila algunos elementos autobiográficos del autor, es una apología clara del nacionalsocialismo, una ideología que impondría el nazismo durante la IIGM y en la que Hitler hablaba del «peligro judío» por una supuesta conspiración judía para alcanzar el liderazgo mundial.
  2. «Don Quijote de la Mancha». Más conocido aún imposible. Hay poco que decir sobre una de las obras más importantes y más traducidas de la literatura universal. Es cierto que no fue escrita íntegramente desde la cárcel. Miguel de Cervantes comenzó esta obra magistral en la cárcel de Sevilla cuando fue encarcelado en 1597 por apropiarse de dinero público. Don Quijote fue la primera obra auténticamente antiromance, gracias a la forma en que acaba con la tradición caballeresca y cortés. Esto la sitúa como la primera novela moderna y polifónica que, como es lógico, tuvo increíbles repercusiones en la narrativa europea posterior.
  3. «La historia me absolverá». Fidel Castro también nos dejó esta pequeña herencia en 1953, cuando comenzó un juicio en su contra por los asaltos producidos en los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo. Fidel, licenciado en Derecho Civil, decidió asumir su propia defensa con esta obra  en la que resume los males de Cuba en seis problemas: el problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud.
        1. «Lazarillo de Tormes». Aunque se considera una obra anónima desde que se escribió, lo cierto es que la escritora y paleógrafa, Mercedes Agulló, aseguró en el año 2010 que su autor era Diego Hurtado de Mendoza, poeta y diplomático español. Siendo gobernador de Siena, a Hurtado se le acusó de irregularidades financieras y acabó en la cárcel de la Mota. Se dice que durante su estancia en prisión escribió esta famosísima obra donde se hace una crítica acerba a la subsistencia del ser humano. El Lazarillo constituye un subgénero literario realista, la novela picaresca, mediante el recurso a la parodia y a la hipocresía durante narraciones caballerescas idealizantes del Renacimiento. Un género que se cultivará en la literatura española con otras obras como La Celestina. En cuanto a su posible autor, Hurtado, sufrió el destierro a Medina del Campo por orden de Felipe II.
        2. «De Profundis». Se trata de una larga epístola épica, redactada por Oscar Wilde en 1897 desde la prisión de Reading, donde cumplía una pena por comportamiento indecente (su homosexualidad). La epístola iba dirigida a su amante, Alfred Douglas, hijo de los marqueses de Queensberry. Wilde no estuvo autorizado a enviar esta carta cuando terminó de escribirla y la mantuvo hasta el final de su condena. Al final optó por confiarle la epístola a su amigo periodista Robert Ross, quien se encargo de hacer dos copias dactilografiadas. Una se la envió a Douglas que negó siempre haberla recibido. Y en 1905, cuatro años después de la muerte de Wilde, Ross publicó una versión reducida de la carta (cerca de un tercio) con el título «De Profundis», que se utilizaría en posteriores ediciones.
        3. «De los nombres de Cristo». Esta es obra de Fray Luis de León, un poeta, humanista y religioso español de la Escuela Salmantina. En su caso, acabó en la cárcel por intentar traducir la Biblia a un lenguaje vulgar sin licencia. En prisión se dedicó a redactar este libro que forma parte de una trilogía en el que reflexiona sobre las diferentes interpretaciones de los nombres que recibe Cristo en la Biblia. Con esta obra pule y perfecciona su prosa castellana.
        4. «La muerte de Arturo». Este libro, escrito por Thomas Malory, fue publicado por primera vez en 1485 de manos de William Caxton. El señor Malory saqueó y se comportó cruelmente  durante la Guerra de las Dos Rosas, tras la cual, derrotado su bando y ahogado por las deudas y sus terribles actos fue conducido a prisión. Como su nombre indica, el libro trata sobre la historia del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, según varias leyendas inglesas y francesas, un buen libro para aficionados a las aventuras. No es el más antiguo sobre esta temática, pero sí uno de los más conocidos. Malory incorporó material original, pero también interpretó en estas páginas algunas historias anteriores escritas sobre el asunto. De la misma forma que Malory, después de su obra, otros autores posteriores se basaron en ella, como la novela «Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros», de John Steinbeck, o la de «Camelot», de T.H. White; y también películas como «Excalibur».
        5. «Himno a la Picota». Escrito por Daniel Defoe tuvo un éxito inesperado. El activismo panfletista de este autor le llevaron a la cárcel en 1703 por la publicación de un panfleto titulado «El Camino más corto con los Disidentes» donde parodiaba a los Tories de la Iglesia (los que apoyan al Partido Conservador inglés). Además de preso, Defoe fue expuesto a la Picota, una columna donde se exponían y se ajusticiaba a los reos. Cuando publicó su poema «Himno a la Picota», tuvo tal aceptación que el público presente en lugar de lanzarle objetos dañiños, le arrojaron flores y bebieron a su salud.

                  No es lo que nadie desea que ocurra, pero si alguna vez acabamos en prisión ya sabemos que con un poco de imaginación e inspiración literaria, podemos hacernos un hueco en esta maravillosa lista de famosos autores.

                  Fuente: culturizando.com

                  Foto: Mictlan

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