‘Órdenes sagradas’, Banville ha vuelto a ser Benjamín Black

El alter ego del prestigioso escritor irlandés nos trae un nuevo caso del atormentado forense dublinés Quirke.

ordenes sagradas

La utilización de pseudónimos es muy frecuente en el mundo de la Literatura. Lo más habitual es que el escritor adopte uno en concreto para firmar toda su producción como hicieron Molière, Mark Twain o Pablo Neruda. Pero otros se han servido de varios y en este sentido el mejor ejemplo probablemente sea el portugués Fernando Pessoa, quien usó entre otros los de Ricardo Reis, Alberto Caeiro o Álvaro de Campos. En fin, unos terceros se valen de un pseudónimo para adentrarse en un género literario distinto del que habitualmente cultivan.

Precisamente eso es lo que hizo el irlandés John Banville (Wexford, 1945)cuando en 2006 decidió publicar su primera novela policíaca, ‘El secreto de Christine’. La firmó como Benjamín Black y desde entonces ha venido haciendo lo mismo con las historias detectivescas que escribe, la última de las cuales -‘Órdenes sagradas’- acaba de publicar en España la editorial Alfaguara.

Aclamado novelista que todos los años suena para el Nobel, Banville se dio a conocer en 1970 con el volumen de relatos titulado ‘Long Lankin’. Al año siguiente apareció su primera novela, ‘Nightspawn’, seguida de ‘Birchwood’ y la bautizada como ‘Trilogía de las revoluciones’ (‘Copérnico’, ‘Kepler’ y ‘La carta de Newton’). Posteriormente sería finalista del Premio Booker con ‘El libro de las pruebas’ y obtendría ese galardón con ‘El mar’. La última novela que ha firmado hasta ahora con su verdadero nombre es ‘Antigua luz’, una historia íntima protagonizada por el veterano actor Alexander Clave.

Según propia confesión, Banville encontró en el cultivo de la narrativa policíaca una forma de escribir sin la presión en que lo sumían sus obras más generalistas. De hecho -señala- “mientras en una mañana de trabajo sólo era capaz de escribir 200 palabras, trasmutado en novelista de intriga puedo llegar a las 2.000 y disfrutar con ello”. Por eso le ha cogido el gusto a Benjamín Black, una suerte de “segunda piel”.

Y, como no podía ser de otro modo si de escribir relatos policíacos se trataba, se vio en la obligación de crear un protagonista fijo para sus historias. Éste es el forense dublinés Quirke, un hombre solitario y aficionado al whisky cuya infancia fue trágica, ya que no conoció a sus padres y hubo de pasarla en el orfanato de Carricklea, donde padeció abusos tanto por parte de los frailes como de sus compañeros. Es, por tanto, un anti-héroe, más caracterizado por sus problemas que por sus cualidades. Precisamente en ‘Órdenes sagradas’ debe enfrentarse a ese pasado. Todo comienza con la aparición del cadáver de Jimmy Minor flotando en las aguas. Éste, que ya salía en otras novelas de la serie, era amigo de Phoebe, la hija de Quirke, quien debido a la investigación revivirá los propios recuerdos de su traumática infancia.

No es precisamente Black/Banville un novelista policíaco al uso. Más que la aparición de víctimas y consiguiente búsqueda de los culpables, le interesa ahondar en los problemas psicológicos de los personajes, especialmente de su atormentado Quirke. Y todo ello siempre con un lirismo que se encuentra pocas veces en el género.

Vía: ‘Benjamín Black Books’.

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