‘Padre rico, padre pobre’, de Robert Kiyosaki

El libro del «gurú» hawaiano pretende contener la fórmula para ganar mucho dinero sin necesidad de trabajar.

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El mundo ha cambiado mucho. Hasta no hace tanto tiempo, el que ambicinaba hacerse rico sabía que tenía que arriesgar su dinero creando una empresa. Después de mucho trabajo y si le iba bien, lo conseguía pero con ello generaba muchos empleos que permitían vivir a otras tantas familias. Sin embargo, actualmente las cosas son de otra forma. Hoy se ha extendido una cultura de la especulación que busca el enriquecimiento con el mínimo esfuerzo y menos riesgo aún, con lo cual ni se plantea la creación de puestos de trabajo.

Al socaire de esta nueva mentalidad, han aparecido una serie de supuestos «gurús» de la economía que aseguran tener la fórmula para ganar una fortuna sin trabajar y, prácticamente, sin riesgo. El secreto, afirman, está en acertar con las inversiones. Y no hace falta precisar de mucho dinero para hacerlas, pues con una mínima cantidad -según ellos- es suficiente.

Uno de ellos es el hawaiano Robert Kiyosaki (Hilo, 1947), quien, al igual que todos sus colegas, sí que se ha hecho rico a costa de vender sus libros, pronunciar conferencias y crear todo tipo de medios de difusión -previo pago- de sus ideas. De hecho, en su biografía no aparece mayor mérito que el de, al parecer, haber acertado con sus inversiones y crear la empresa Cashflow Technologies, mediante la cual comercializa libros, juegos de mesa y programas de televisión centrados todos ellos en sus técnicas para ganar dinero. Una de esas obras es ‘Padre rico, padre pobre’, un texto con apariencia autobiográfica que rezuma ficción por todas partes y que, para dar imagen de seriedad, viene firmado también por la contable Sharon Lechter.

El título alude supuestamente a lo que los padres ricos enseñan a sus hijos y los pobres desconocen. En el libro Kiyosaki narra que su padre, aunque tenía un buen puesto en la enseñanza, desconocía los auténticos medios para ganar dinero. Pero él tuvo una especie de padre adoptivo que le enseñó los secretos de la prosperidad económica, curiosamente, mientras lo empleaba con limpiador de latas vacías.

Por tanto, lo sustancial de la obra son esas supuestas enseñanzas que su «padre rico» compartió con Kiyosaki. Vienen a ser un compendio de ideas sueltas y anécdotas que carecen de unidad y no conforman método alguno. Ello no significa que todas sean insustanciales. Algunas de sus opiniones son muy ciertas. Como cuando dice que las grandes multinacionales gastan su dinero antes de pagar impuestos mientras que las personas normales están obligadas a pagarlos primero y después gastar lo que les queda.

O al decir que la educación financiera debería ser enseñanza obligatoria en los colegios. O, en fin, que mientras las personas normales trabajamos para ganar dinero, los ricos hacen que el dinero trabaje para ellos. Por citar una más, cuando señala como regla de oro que «el que posee el oro hace las reglas», en un buen juego de palabras. Pero todas estas frases y otras que abundan por el libro no son ninguna novedad, cualquier persona un poco avezada sabe de su certeza.

En cualquier caso, Koyosaki no deja indiferente a nadie. Cuenta con tantos discípulos como detractores. Entre éstos últimos, se ha destacado especialmente John T. Reed, un inversor norteamericano en bienes inmuebles que parece tener declarada la guerra al hawaiano, pues ha dedicado extensos artículos a criticar y rebatir sus ideas.

La primera duda que plantea se refiere al origen de la fortuna de Kiyosaki y ya la señalábamos aquí: hasta qué punto ésta procede de sus inversiones o, más bien, de la venta de sus libros y de sus conferencias. También señala ciertas contradicciones de menor importancia en sus obras. No obstante, sí tiene relevancia la crítica principal que le hace: no conoce bien el mercado financiero, del cual dice saber mucho. Y, como ejemplo, presenta el hecho de que Kiyosaki señala haber usado información privilegiada a veces, algo que está prohibido en casi todos los países del mundo.

En relación con esto, ha habido economistas que también han criticado al hawaiano por considerar sus consejos, no sólo de poco valor, sino incluso peligrosos. Así, muchos han montado en cólera ante su idea de centrarse en unas pocas inversiones que se conozcan bien y no diversificar. Esta tesis choca frontalmente con la defendida por los expertos en bolsa, que se cansan de advertir de los riesgos de «poner todos los huevos en la misma cesta».

En definitiva, ‘Padre rico, padre pobre’ es un libro que dista mucho de poseer la fórmula para hacerse multimillonario. De hecho, no creemos que nadie la tenga, salvo que consideremos como tal la de vender libros explicando cómo ganar mucho dinero sin esfuerzo. No obstante -volvemos sobre ello- contiene opiniones interesantes. Por poner otro ejemplo que sumar a los anteriores, el pasaje que dedica a demostrar que firmar una hipoteca es mal negocio. Claro que para darse cuenta de ello basta mirar, en la escritura, el párrafo donde dice la cantidad total que habremos pagado al vencimiento de la misma.

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