Rosa Montero y su visión esperpéntica en Crónica del Desamor

El titulo de por sí («Crónica del Desamor«), hace referencia a la narración de sucesos que se prolongan y se desatan a través de un determinado tiempo, en este caso en la época en que la dictadura de Francisco Franco en España, ha terminado, pero que los rezagos siguen permaneciendo visibles en una sociedad  transformada por décadas de dictadura. La crónica es utilizada para contar historias sencillas, efímeras por su importancia como historias mismas que se suceden en la cotidianidad del transcurso de una vida, pero que  sirven como el canal idóneo para atestiguar de modo concreto y claro, las sensaciones y pretensiones de un estado de desamor, más bien de una lúdica sensación de ausencia y desprestigio de lo que significa el amor en realidad.

La crónica entendida como aquella narración de hechos que se suceden en un determinado tiempo de la historia de un país, de una localidad o sencillamente de una situación total, advierte en el titulo una sensación de internamiento en micro historias relacionadas al tema del amor fracasado.

El desaliento que incluye el título ante el amor, la casi desestimación de una oportunidad posible de cambiar el destino del amor, la pluralidad que significa hablar de pequeñas historias y que intentan representar un alegato innegable a la presunción de que el amor no es en realidad, más que un proceso que se inicia en el encanto y termina por ahogarse en la decepción.

Foto: Tematika



La visión del titulo va más allá si se quiere, pues la publicación se da en una época sumamente sensible de la España post franquista, con una visión desencantadora de los abusos y las represiones que se desperdigaban al mismo tiempo que la creciente economía y el abundante consumismo.

Ante esto el desamor se entiende no como una tendencia al odio, sino como ausencia del sentimiento, de la capacidad de dar la adecuada importancia al otro, desligándose completamente de lo que le lleve a ser capaz de emocionarse y negando mediante la racionalización de las mismas experiencias personales, la posibilidad de ser feliz. Esta negación al mismo tiempo conlleva a recaer en una densa saturación del pesimismo, de la angustia, de la soledad y el desencuentro consigo mismo, con los de más y con las posibilidades ante la vida.

El libro de estructura en catorce historias. Cada historia es autónoma, pero guarda cierta relación con las demás, no solo por la temática del desamor, si no también por la relación de personajes, situaciones y escenarios. El texto en conjunto permite desnudar una realidad convencional y a la vez esperpéntica que se representa el día a día de una mujer desencantada del amor.

En resumen: Ana es una periodista, trabaja en el diario “Noticias diarias” y tiene un hijo, Curro. Tiene amigas y vecinas con las que comparte historias y situaciones. Todos buscan salir del tedio y la rutina, acabar con sus tristezas.

Son historias que suceden en el entorno de Ana, el personaje principal. Exciten tres actitudes que se pueden identificar: La indiferencia para lo que sucede mas allá de su entorno, son cada uno de los participes de la historia los centros de atención. Además se toca de manera superficial el tema político, considerando que en España se vive una reconstrucción política luego de lo que significó el gobierno de Franco. Aquí los personajes miran dentro de ellos y los unos a los otros, en sus propias vidas y no es la política lo que más interese.

Otra actitud es la rebelión, ya que las historias están cargadas de rebeldía contra la infelicidad, contra ellos mismo, que ya están cansados de las frustraciones con las que viven, llegando a la reconciliación, esa que hace que cada uno se haga dueño de su situación y tome las medidas necesarias.

También notamos el doble sentido de la colectividad y el individualismo, son un grupo donde todos se cobijan y ayudan, pero a la vez son cada uno, con sus errores y problemas, lo que hace que necesiten del otro.

La tristeza o desamor es el tema principal, esta se genera a partir del la soledad, la incomprensión, la rutina, lo inesperado. Se presentan varios “mundos”. Se describe el mundo laboral de los personajes, sus familias, sus amistades, también se muestra el mundo de los gay, de los drogadictos.

Foto: Críticas Literarias

Lo que la obra busca mediante sus pequeñas historias, es dar cuenta de una realidad que somete a la sociedad española, realidad que la autora  dibuja  perfectamente en cada pequeña historia que narra, apoyándose en la ternura y lo cotidiano para describir la drogadicción, el homosexualismo, la violencia y el desamor como parte de un matutino desayuno de todos los días.

Se puede notar el ímpetu por mostrar lo marginal, lo que transgrede pero se convierte al mismo tiempo en algo cotidiano, así abarca temas como el aborto y la homosexualidad e ironiza la única historia de amor realizada felizmente, condenándola a la insatisfecha sensación de la vejez.

El abordaje a la contemplación de una sociedad desalentada se hace factible mediante la ironía y la caricaturización de las escenas contadas. En el transcurso de las historias aparecen lúcidas las ideas de desasosiego por la rutina, por las crisis, por el aparente acostumbramiento de lo anormal y la melancolía.

El tema de los sueños y las ilusiones de los personajes también es abundante para entender mediante ellos, la concepción de una visión esperpéntica de la realidad, en la cual hasta el amor se encuentra sometido y convertido en un simple manoteo de trasgresión a la inexorable descomposición.

Esa descomposición se proyecta mediante conversaciones, mediante monólogos y pensamientos rutinarios y casuales, mediante la necesidad de los personajes por agruparse para aplacar la falta de cariño, la falta de cosas buenas,  y que a la vez los hace más ausentes de ellos mismos, porque es cuando están solos que caen en cuenta que el desamor resulta parte de eso mismo que hacen  día tras día, de lo cotidiano.

Entonces se construye ilusiones y amores falsos, para contrarrestar el tedio y la repugnancia que se siente al saberse plano, sin destello. La obra entrega un estilo periodístico por la simpleza del lenguaje, por la claridad de  cada párrafo y versa en lo literario en tanto avanza y seduce capítulo a capítulo hasta terminarlo.

Es una obra sencilla, con personajes sencillos y rutinarios, amenaza en caer en lo anecdótico y lo obvio; sin embargo logra importancia  por su trasfondo, una caracterización de una España crispada  en la desazón.

Foto: Crítica de Xeneros

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