Tiene que llover, de Karl Ove Knausgård

Tiene que llover, el último libro de Karl Ove Knausgård que llega a España de su exitosa saga. Mi lucha. Una narración cruda y auténtica, como todas las suyas que no puedes dejar de leer.

Tiene que llover

“Tiene que llover”, de Karl Ove Knausgård, es la quinta entrega de la saga Mi Lucha, calificada como una de sagas literarias más hermosas de las últimas décadas, en la que este escritor noruego, nacido en Oslo en 1968, traza su obra autobiográfica, compuesta por seis novelas, en las que describe su vida: su intimidad y sus pensamientos, sus banalidades y humillaciones; de la manera más humana y radical.

El proyecto literario, que Knausgård comenzó en el 2009, y se ha ido conociendo en España a través de la editorial Anagrama. Sorprende por su seriedad, lucidez y profundidad, con un sentimiento muy agudo de un dolor marcado por la inexperiencia, lo que hace de él un esfuerzo literario digno de admiración. Da igual que sea cierto o no lo que cuenta el escritor noruego, dicen que lo suyo es la “autoficción”, pero lo hace tan honestamente, de manera tan cruda y auténtica, que su literatura resulta creíble.

Con “Tiene que llover“, la entrega que llega ahora a España, cierra un círculo que une este, de una forma inesperada y brillante, con el primer volumen de la saga, La muerte del padre, creando así una sensación de orden global, en toda ella, solo aparentemente anárquico.

Crisis de autoimagen

“Tiene que llover”, quizá sea el libro más amargo de Mi lucha. En él, Knausgård, narra los catorce años que vivió en Bergen, entre 1988 y 2002, en una etapa crucial para su desarrollo y madurez. Más que sucesos, lo que recuerda son estados de ánimo. El noruego se exhibe como un príncipe continuamente fracasado, como un quiero y no puedo constante, como un tipo que tropieza ante la misma piedra una y otra vez.

Naufragando entre la ignorancia, la ingenuidad y el fracaso, busca aferrarse al sueño de ser un gran escritor literario, de la misma manera que se adentra en el mundo de las relaciones sentimentales, repletas también de entusiasmos y sinsabores, como si de una montaña rusa se tratase. La culpabilidad, el miedo, la inseguridad, caminan juntas a medida que se va abriendo paso a una nueva manera y forma de ser y sentir las cosas, la gente y el mundo que le rodea.

Podríamos decir que el relato, que brota de un yo vulnerable y herido que trata de protegerse, es una descripción viva y emocional, humana hasta la crudeza, de lo que los sicólogos llaman la crisis de autoimagen, que todo joven adolescente tiene que atravesar para llegar a la ansiada madurez, siempre amenazada.En “Tiene que llover”, un Knausgård concentrado y frontal, exprime su prodigiosa capacidad evocativa para, describir el camino por el que llegó a convertirse en el autor que conocimos con La muerte del padre, y dar un certero testimonio de los impedimentos, errores y tropiezos que contribuyeron a conformarlo, cual Ave Fénix resurgiendo de sus propias cenizas.

El título, y el contenido de la obra, me trajeron el recuerdo de la letra del cantautor extremeño Pablo Guerrero, de su canción “A cántaros”: “Tu y yo muchacha / estamos hechos de nubes / pero ¿quién nos ata? / Dame la mano / y vamos a sentarnos / bajo cualquier estatua, / que es tiempo de vivir / y de soñar y de creer / que tiene que llover / a cántaros. / Hay que doler de la vida / hasta creer / que tiene que llover / a cántaros”.

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