Un Tranvía en SP, Unai Elorriaga

Muchas personas quedaron desconcertadas cuando en 2001, se le concedió el Premio Nacional de Narrativa al joven vizcaíno Unai Elorriaga (1973) por SPrako tranbia, una novela en euskera que aún no había sido traducida al español. Después de obtener este galardón, se despertó una intensa curiosidad por ver qué había escrito Elorriaga, que entonces contaba con 28 años y ninguna novela anterior.

Yo fui uno de aquellos curiosos, y tras una inevitable traducción y el lanzamiento por parte de la editorial Alfaguara, me propuse leerlo con las expectativas muy altas y con la esperanza de que Elorriaga fuera representante de una nueva y mejor generación para la literatura española.

El libro versa sobre Lucas, un anciano enfermo de Alzheimer que sueña con ir al Himalaya y sobrellevar sus últimos años de vida lo mejor posible. Tras presentar a Lucas, aparecen también varios personajes, de forma que cada capítulo está centrado en uno de ellos, alternándose los narradores según dichos capítulos y por tanto puntos de vista sobre los mismos hechos con determinada frecuencia.

Elorriaga ha escrito la novela de su vida, a menos que nos demuestre lo contrario. Por ahora, con sus dos novelas posteriores, no sólo no lo ha demostrado, sino que se puede intuir que el caso de esta novela quizás fuese cosa de flor de un día. Pero lo cierto es que esta obra está escrita con un cariño y una sabiduría fuera de lo común. Mientras que se narra una historia común y cotidiana, con un encanto especial hacia los personajes, se cuenta que un paquete tiene un tamaño “amable” o se define ese periodo en el que “el día deja de ser día”, logrando una implicación extraordinaria con el lector, al que se mete en el bolsillo con apenas varios párrafos. Las frases cortas y los párrafos de dos o tres líneas son lo predominante, de modo que cada frase entre de lleno en el lector con mensajes cargados de vitalismo, gusto por la ensoñación y por la utopía, y el mensaje “nada es imposible” se muestra muy claramente, hasta hacerse omnipresente una envolvente atmósfera onírica.

El aspecto visual de la novela es sin duda su mayor virtud, ya que gracias a esas frases cortas antes mencionadas, se consigue un impacto por el cual el lector tiene inevitablemente que imaginarse las vidas que se le están contando con una empatía y una atención impresionante, hasta el punto de que a veces la narración se corta justo en medio de una frase, como si se tratase de distracciones o de cambios de opinión. Y en ningún momento esto provoca que la lectura sea tediosa. Todo lo contrario. Un Tranvía en SP es, hoy por hoy, una de las novelas españolas de lectura más amena y de pasajes más hermosos que se puedan encontrar.

El lenguaje, como se ha comentado antes, roza lo poético, por su belleza y por su evocación de imágenes paisajísticos, sonoros y por saber llegar a los sentimientos de sus personajes por medio de un estilo caóticamente ordenado, irónico y humorístico, y sin duda divertido. Sobretodo emociona al lector el derroche de amor y cariño apreciables en esta novela, que narrados con maestría y con un esfuerzo palpable, hacen que a todas luces se trate de un libro especial.


Probablemente se echa en falta una mayor continuidad en los hechos que se relatan, ya que, ahogado por su genial estilo y por su burtoniana mezcla de rutina y maravilla, se hace difícil no perderse en esa intrincada combinación de cotidianeidad y fantasía. Además, Un Tranvía en SP no está exenta de tópicos, ya que la forma de ser de algunos personajes ha sido sin duda vista antes, y Elorriaga ha de compensarlo con mayores arrebatos de imaginación. Su obsesión porque cada capítulo sea contado por un personaje conlleva a que cada uno de ellos tenga su propio estilo y personalidad, y a veces, parece como si todos narrasen de la misma forma.
La forma en la que se mezclan fantasía y realidad, unido al originalísimo lenguaje con el que está contado, hacen de Un Tranvía a SP una obra ciertamente memorable, que no debería ser castigada con el paso del tiempo. Sin embargo, no es aquella novela revolucionaria que algunos quieren ver. Se muestran destellos de algo genial y nuevo, sí, pero en ocasiones da la impresión de que todo se queda a medias, como si fuera un proyecto inconcluso. Elorriaga está en ocasiones tan preocupado por contar las cosas de un modo nuevo, que obvia una historia que, a todas luces, daba para más.
Lee un fragmento aquí.

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