La Biblioteca de Rusia presenta su colección de literatura erótica

Abarca desde grabados japoneses del siglo XVIII hasta novelas de finales de los años setenta del siglo XX y había permanecido oculta hasta ahora.

Monumento a Dostoevsky

En los últimos tiempos se ha puesto de moda la literatura erótica gracias, en buena medida, a obras como la famosa trilogía ‘Cincuenta sombras de Grey’ de la británica E. L. James. Hasta tal punto que las novelas de este tipo parecen haber invadido las librerías. Sin embargo, no es un género nuevo ni mucho menos. Basta leer, por ejemplo, algunos pasajes del ‘Libro de Buen Amor’, escrito en el siglo XIV por el Arcipreste de Hita, o del ‘Decamerón’ de Boccaccio para comprobarlo.

Por ello, no es de extrañar que la Biblioteca Estatal de Rusia haya desvelado que posee una colección de literatura erótica, grabados y acuarelas, muchas veces abiertamente pornográficos, que llega hasta los doce mil ejemplares. Pero lo más curioso es su procedencia y las vicisitudes que ha atravesado.

En la antigua Unión Soviética, se consideraba perniciosa la literatura erótica para el “hombre nuevo” que intentaban construir. Claro que ello no impedía que algunos miembros importantes del Partido fuesen muy aficionados a ella y tuviesen sus propios proveedores. Uno de éstos era Nikolái Skorodumóv, el mayor coleccionista de este tipo de obras, quien abastecía de ellas a Guénrih Yágoda, a la sazón jefe de la policía secreta de Stalin, motivo por el que nunca fue perseguido. De él proceden la mayoría de las obras que integran la colección de la Biblioteca Estatal de Rusia, pues fue su vicedirector .

La institución las alberga en su planta novena, hasta ahora cerrada al público. Son, como decíamos, doce mil piezas conseguidas en controles aduaneros y registros. Abarcan desde grabados del siglo XVIII provenientes del Japón hasta novelas “rosas” de las últimas décadas. En la colección destaca una serie titulada ‘Los siete pecados capitales’ realizada por el pintor Vasili Masiutin, famoso en su tiempo por ilustrar obras de Pushkin y Chéjov. Y también unas acuarelas de Mijaíl Lariónov que contienen incluso dibujos de carácter pedófilo y zoofílico capaces de escandalizar a cualquiera.

En fin, se trata de obras procedentes de todo el mundo que los dirigentes comunistas empezaron a coleccionar desde el mismo momento en que llegaron al poder tras la Revolución de 1917 y fueron engrosando a lo largo de los años. Según la responsable de la colección, Natalia Cherjnij, la Biblioteca Estatal de Rusia piensa dejarla intácta, “como si de una reliquia se tratara”, y no está previsto, de momento, ni siquiera exponerla al público.

Vía: ‘El País’.

Foto: Adam Baker.

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