Nana, de Emile Zola, el determinismo de la herencia

Cuando alguien realiza una tarea titánica, justo es reconocérselo, nos guste lo que ha hecho o no. Éste es el caso de Emile Zola, no ya tanto por el número de obras escritas como por haber sido el teórico de un movimiento literario: el Naturalismo, que además ejemplificó con la serie de Los Rougon-Macquart, veinte novelas entre las que se incluye la historia de Nana, prostituta de alcurnia.

Con independencia de que sus obras nos gusten más o menos, es justo que, cuando un novelista desarrolla una tarea titánica, le sea reconocido. Además, los estilos literarios encajan o no con los lectores en función de diversos factores y ello no quiere decir que sean buenos ni malos.

Foto de Zola

Emile Zola

Y, si de enorme esfuerzo creador hablamos, uno de los mayores que se han dado en las letras ha sido, sin duda, el de Emile Zola (París, 1840-1902), no ya tanto por el número de sus obras como por ser el teórico de la estética naturalista, un nuevo género de Realismo –o más bien éste llevado al extremo- que tuvo seguidores en todo el mundo.

Zola se propuso verter en el ámbito de la literatura las tesis que, por entonces, el afamado doctor Claude Bernard había establecido para la medicina. Fruto de ello fue el libro La novela experimental, en el que el parisino desgranaba paso a paso su concepto de lo que debía ser la narrativa.

Éste consistía, a grandes rasgos, en concebir la novela como un ente empírico. El escritor debía observar la realidad y experimentar con ella para tratar de descifrar los mecanismos de los hechos y así llegar a un mejor conocimiento de la sociedad y del hombre. Dicho con otras palabras, la narrativa se convertiría así en una ciencia con finalidad terapéutica.


Consecuente con sus tesis, Zola se produjo retratar la historia de una familia durante el Segundo Imperio francés en Los Rougon-Macquart, una serie de veinte novelas entre las que se hallan algunas tan conocidas como Nana, Therese Raquin, Germinal o La taberna.

Nana fue publicada en 1880. Su título obedece al apelativo que tiene la protagonista, Anne Copeau, miembro de la saga de los Macquart, parte bastarda de la familia y tocada por las taras del determinismo genético. Actriz de variedades, su verdadera profesión es la de seducir, explotar y hundir a los hombres que se le acercan.

Foto de la casa de Médan

Casa donde Zola y sus discípulos se reunieron para escribir Las veladas de Médan

Como un trasunto femenino del famoso don Juan, Nana es la mujer fría que utiliza al sexo contrario y, una vez ha conseguido lo que busca, lo abandona hundido a su suerte. La gran diferencia es que si don Juan busca el placer, la heroína de Zola lo hace únicamente por dinero. Y es que Nana lleva la degradación en su sangre, que procede de la desequilibrada Tía Dide y del contrabandista Macquart. Por ello, no se sabe muy bien qué grado de culpa pertenece a éstos y cual a ella misma.

En cualquier caso, se trata de una excelente novela -un tanto cruda en algunas ocasiones- donde Zola critica la degradación de la sociedad del Segundo Imperio francés.

Fotos: Emile Zola: Le Chateau d’Eau en Flickr | Casa de Médan: Vitrube en Flickr

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