Al revés de Huysmans

En 1880, aparece una colección de cuentos, de diferentes autores, se trata de “Las Veladas de Médan”. Los autores son jóvenes escritores que se reúnen en la casa que Zola tiene en Médan, en las cercanías de París, ellos no se identifican como ‘grupo literario’, aunque, a la larga, la historia de la literatura los denomine así. Los autores de aquellos cuentos son: Maupassant, que escribe una especie de justificación y prólogo a la obra y aporta su cuento Bola de Sebo; Zola, que ejerce como anfitrión y tiene una especie de papel de maestro y que escribe para la ocasión El ataque al molino; J.K.Huysmans que escribe Mochila al hombro (Sac à doc); Henry Céard, participa con La sangría; León Hennique con El ataque del siete; y, Paul Alexis con El Después de la batalla.

Maupassant escribe sobre esto:

Durante las lentas digestiones de las grandes comilonas (pues somos todos golosos y refinados, y Zola come él solo como tres novelistas normales), charlábamos. Él nos contaba sus futuras novelas, sus ideas literarias, sus opiniones sobre diversas cosas. Alguna vez tomaba un fusil, que maniobraba con torpeza y, sin dejar de hablar, disparaba a unas altas hierbas alentado por nosotros que decíamos que eran pájaros, contrariándose considerablemente cuando no encontraba ningún cadáver.
Otros días pescábamos con caña. Hennique se destacaba, para gran desesperación de Zola que no atrapaba más que zapatos.
Yo quedaba tendido en la barca La Nana, o bien me bañaba durante unas horas, mientras que Paul Alexis contaba chistes picantes, Huysmans fumaba unos cigarros y Céard se aburría, encontrando el campo aburrido.

(…)

Huysmans añadió:
– Contemos historias sentimentales.
A Zola le pareció una buena idea, que se contaran unas historias.
La sugerencia nos hizo reír y, se convino, para aumentar la dificultad, que la temática elegida por el primero se mantendría por los otros desarrollando, eso sí, aventuras diferentes. – Nos sentamos y, en la gran calma del campo, adormecidos bajo la brillante luz de la luna, Zola nos contó esta terrible página de la historia siniestra de las guerras que se llama
L’Ataque du Moulin. Cuando hubo acabado, cada uno escribía:
-Es necesario escribir esto rápido.
Él comenzó a reír:
-Eso está hecho.
Al día siguiente Huysmans nos divirtió mucho con la narración de las miserias de un soldado sin entusiasmo. Cèard, nos describió el cerco de París, desarrollando una historia llena de filosofía, siempre verosímil sino verdadera, pero real después del viejo poema de Homero . Pues si la mujer inspira eternamente tonterías en los hombres, los guerreros a los que ella brinda especialmente su interés, sufren necesariamente más que otros.

Como ven, lo que era, en apariencia, la reunión de un montón de ociosos escritores, algo bohemios y amantes de la buena vida, un poco aburridos, acabaría originando el nacimiento del movimiento Naturalista.

Pero no todos van a perdurar mucho en esta corriente, es el caso de Huysmans, precisamente en el que nos vamos a detener.

En realidad Huysmans había ido avanzando de una corriente a otra, al principio se le vinculó entre los seguidores de Baudelaire, luego lo vemos en Médan cómodamente instalado junto a Zola, se desilusionó con el naturalismo y se alineó en las filas de los decadentistas. Fue más allá y se interesó por el ocultismo y el satanismo y, finalmente, acabó convirtiéndose en uno de los precursores de la nueva literatura católica que tendría su culminación en Bernanos y Mauriac.

Es, como vemos, un genuino representante de la inquietud imperante en el siglo XIX. En sus obras nos deja una serie de pistas biográficas, sus personajes, igual que él, se debaten en incertidumbres y, aunque, a simple vista, parece que va dando tumbos de un movimiento a otro, tiene en realidad cierta continuación lógica, dentro del periodo en el que transcurre su vida como escritor.

Y sin embargo, esta trayectoria literaria está bastante lejos de su otra vida, la laboral. Huysmans era hijo de madre francesa y padre holandés, y durante treinta años fue funcionario público (desde 1868 hasta 1898), en esta faceta doble (y en otros aspectos) nos recuerda a Kafka.

Fue considerado integrante de la corriente naturalista, hasta la aparición de su obra, en 1884, À rebours (traducida como Al revés, A contrapelo o Contra Natura). Con esta obra Huysmans se aleja totalmente de Zola y de sus ideas literarias, y se alinea en la corriente decadentista, cuyo programa postulaba que el arte es superior a la naturaleza y que la existencia humana sólo merece vivirse como una obra de arte.

Es, en realidad, el inicio de una búsqueda de su propia identidad.

Hagamos una nueva parada, en esta ocasión en esta obra, Al revés (en realidad ésta era la meta de este artículo).

El argumento de Al revés es bastante simple: un noble, el duque Jean des Esseintes (“frágil joven de treinta años que padecía anemia, muy ojeroso, de mejillas consumidas, ojos fríos, de un azul acerado, nariz respingada pero recta, y manos delgadas, transparentes”), harto de la vida social, en plena decadencia familiar, decide retirarse a una casa en el campo. Su vida transcurre allí sin que suceda nada de gran relevancia, en estado contemplativo, sin otra cosa que hacer, nada más que deleitarse con el arte.

Realmente no hay ninguna trama clásica con planteamiento, nudo y desenlace. Huysmans pretende innovar, elimina la intriga tradicional de la novela y la sustituye por un análisis psicológico del personaje central (es más, del único personaje), recurriendo frecuentemente al diálogo interior.

El duque, algo hipocondríaco, con una actitud entre la pereza y el temor a moverse, lleva una vida retirada, lejos del ruido parisino. No saldrá de su mansión, salvo en contadas ocasiones (tiene un intento de ir a Londres, pero en el mismo puerto, lo piensa mejor y vuelve de nuevo a su casa).

Des Esseintes huye de la vida mundanal de París, pero también de su pasado aristocrático, del panteón familiar en el que se ha convertido su mansión parisina, en fin, huye de la sociedad moderna y de los cambios que en ella se produce, y pone como defensa un mundo basado en la estética, una estética aristocratizante y decadente, muy propia del fin de siglo, impregnado de literatura, de pintura, de perfumes, de piedras preciosas, de licores, de colores, de música. Ejemplo de su excentricidad es el capricho de decorar con piedras preciosas el caparazón de una enorme tortuga.

En ocasiones, es tanto el detalle que nos sentimos dentro de un catálogo, sucede, por ejemplo en el capítulo VIII, cuando describe las plantas que ha comprado para su invernadero, “reservaba su admiración sólo para las plantas raras y aristocráticas procedentes de países distantes, cuya vida se preservaba con una refinada atención en los trópicos artificiales creados mediante estufas reguladas con esmero

Sin duda, este es un claro ejemplo del precepto decadentista de recrear la naturaleza con el arte. La Naturaleza no es nada frente al arte, que la puede recrear y mejorar.

El capítulo III es una historia de la literatura latina, por supuesto, su preferencia siempre va para las épocas de decadencia. Virgilio y Cicerón no son nada, para él, al lado de Lucano, de Petronio, Aulo Gelio y todos aquellos representantes de una Roma en decadencia y en crisis. Siglo a siglo, nos ofrece todo un resumen de la literatura escrita en latín, desde el siglo I a.C. al siglo VIII de nuestra era.

La literatura francesa tiene también un capítulo propio, es el XII (también el XIV, aunque en este último hace mayor hincapié en la lengua), la biblioteca de Des Esseintes está plagada de textos encuadernados con esmero: “Antaño, en París había dispuesto que imprimieran sólo para él, y a mano, artesanos contratados especialmente para el caso (…) Tenían encuadernaciones ornamentadas, recubiertas con seda de Damasco y adornadas a la manera eclesiástica, con punteras y broches metálicos. A veces habían sido decoradas por Gruel-Engelmann en plata oxidada y en resplandecientes esmaltes”.

Entre sus favoritos, Baudelaire (del que se ha dicho que Huysmans sacó mucho para su Des Esseintes: “Su admiración por ese autor no tenía límites (…) Baudelaire había ido más allá; había bajado al fondo de la mina inagotable, se había abierto camino por galerías abandonadas o inexploradas y por último había llegado a esas zonas del alma donde florecen las monstruosas vegetaciones de la mente enferma.

Gusta también des Esseintes de la literatura cristiana, pero evitando siempre ciertas obras escritas por eclesiásticos A decir verdad, todos estos eclesiásticos escribían igual, con un poco más o un poco menos de energía o énfasis, de modo que prácticamente no había diferencia alguna entre las mediocridades que producían”

El capítulo X está dedicado a los perfumes, des Esseintes es “un experto en la ciencia de la perfumería” y ¿qué le atrae de este arte de hacer perfumes? De vuelta la imitación de la naturaleza por el artetodas las flores existentes están representadas a la perfección por mezclas de alcoholato y esencias, extrayendo del modelo su personalidad distintiva y añadiendo esa mínima singularidad, ese dejo adicional, ese aroma penetrante, ese raro toque que hace una obra de arte.”

Podríamos seguir acompañando a Des Esseintes en su retiro, pero es preferible que dejemos algo para que lo descubran solos, leyendo la obra. Y hay mucho todavía por descubrir.

Al revés no deja indiferente a nadie, o nos apasionamos con su lectura o acabamos odiándola.

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