Alice Munro obtiene el Nobel de Literatura

La escritora canadiense, famosa por sus relatos breves y eterna candidata, figuraba en segundo lugar en las apuestas, tras el nipón Haruki Murakami.

Stockholm

Finalmente, no ha habido sorpresa o, al menos, no tanta como en otras ediciones: el Premio Nobel de Literatura de 2013 ha ido a parar a Alice Munro. Porque, si bien el primer favorito en la lista de apuestas publicada por Ladbrokes era Haruki Murakami, la escritora canadiense ocupaba el segundo lugar, aunque seguida de cerca por la bielorrusa Svetlana Aleksijevitj y la norteamericana Joyce Carol Oates. Y es que esta casa de juego británica acierta con bastante frecuencia en sus predicciones: en los últimos años, lo hizo en 2009 con Herta Müller y en 2011 con Thomas Tranströmer.

También es cierto que Alice Ann Munro (Wingham, Ontario, 1931) era -como Murakami, que deberá seguir esperando- una eterna candidata al galardón más prestigioso del mundo de las letras, que entrega la Fundación Alfred Nobel y cuyo vencedor es elegido por la Academia Sueca.

Munro creció en una granja durante la Gran Depresión y ello no es intrascendente, pues estos años han marcado profundamente sus relatos. Estudió en la Universidad Western Ontario, aunque la abandonó para casarse en 1951 y regentar, junto a su marido, una librería. Pero, tras divorciarse volvió a ella, ya como escritora asociada. Comenzó a publicar tardíamente, en 1968, fecha en que apareció una colección de cuentos titulada ‘Dance of the Happy Shades’. Tras ella, vendría su única novela, ‘La vida de las mujeres’, que relata la historia de una muchacha que vive con sus padres en el pueblo de Jubilee hacia los años cuarenta del pasado siglo. Inevitable es reconocer tras Del Jordan, protagonista de la obra, a la propia Munro.

Pero la narrativa extensa no debió convencer a la escritora canadiense, porque después tan sólo ha publicado libros de cuentos entre los que destacan ‘Las lunas de Júpiter’, ‘El progreso del amor’, ‘Secretos a voces’, ‘La vista desde Castle Rock’ o ‘Mi vida querida’. Y es precisamente en este género en el que ha resultado una consumada maestra, hasta el punto de que se la ha bautizado como «la Chejov canadiense».

Esqui

Este calificativo se debe a uno de los rasgos fundamentales de sus relatos: la densidad psicológica de los personajes. Éstos, además, suelen ser criaturas frágiles que están a punto de romper con la vida que llevan. Y todo ello narrado emotivamente y con prosa escueta y directa. Sin olvidar, por supuesto, el fuerte componente autobiográfico a que antes aludíamos. Quizá el Nobel le haga reconsiderar su decisión de retirarse de la Literatura, anunciada hace unos meses. Entonces nos recomendó que leyéramos sus relatos antiguos y no es mala idea seguir su consejo aprovechando el aluvión de reediciones que a buen seguro llegarán en próximas fechas. Así, disfrutaremos de una magnífica escritora profundamente humana.

Al preguntarle la prensa cómo se sentía tras recibir el Premio, Munro explicó que casi había olvidado que se concedía ayer debido al cambio horario con Canadá. No obstante, se ha mostrado muy feliz por la noticia. Y eso que ya ha obtenido un buen número de galardones: entre ellos, el Governor General?s Award de Canadá (en tres ocasiones), el National Book Critics Circle de Estados Unidos, el W. H. Smith Prize, el Pen /Malamud Award for Excellence in Short Fiction o el Giller Prize. En España, le fue concedido el Premio Tormenta, que se entrega durante la Feria del Libro de Madrid por ‘Demasiada felicidad’. No es un mal palmarés para una autora que ?según propia confesión- empezó a escribir relatos a la hora de la siesta de sus hijos como una forma de realización personal.

Fuente: ‘El Cultural’.

Fotos: Harvey Barrison y Lars Plougmann.

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