Anais Nin

Anais Nin fue una autora francesa que se apartó de la literatura patriarcal para descubrirnos la esencia de lo femenino en unos textos en los que ella misma es una activa protagonista.

anaissomelivelike.jpgAnaïs Nin es una autora que rompió abiertamente con la literatura patriarcal y le dio una voz a la identidad femenina con su escritura osada que se constituyó en un desafío a su época. Nació en Paris, Francia, el 21 de febrero de 1903. Era hija de Rosa Culmell, una franco danesa, y de Joaquín Nin, pianista y compositor cubano de origen español. Por línea paterna era descendiente de franceses, cubanos y daneses, pero la nacionalidad norteamericana de su madre marcó el futuro de su vocación literaria, pues es a Nueva York donde se traslada con ésta cuando tenía 12 años de edad. Sus padres se habían separado, y este acontecimiento marcó sus inicios como escritora, ya que en esa época comenzó a escribir sus diarios íntimos, en los que anota con toda sinceridad sus impresiones sobre su vida y lo que la rodea. Textos como el siguiente surgieron de su pluma en esos días: “Soy Ángeles, Anaïs, Juana, Antolina, Rosa, Edelmira Nin y Culmell. Tengo doce años y soy bastante alta para mi edad, todo el mundo lo dice. Soy delgada, tengo los pies grandes y las manos también, con los dedos largos, que suelo crispar por nerviosismo. Tengo la cara muy pálida, unos grandes ojos castaños, perdidos, y temo que revelen mis insensatos pensamientos. La boca grande, me río muy mal, y sonrío regular. Cuando me enfado, hago una mueca con los labios”.

El regreso a Europa de Anais Nin se lleva a cabo en 1923. Se había casado con el banquero norteamericano Hugo Ghiler y se establecieron en las afueras de Paris. Sus aventuras amorosas fueron de público conocimiento como las que sostuvo con el escritor Henry Miller y el psicoanalista Otto Rank, y con el artista y activista peruano Gonzalo Moré. La relación con Henry Miller al principio es intelectual, pues Anais desconocía el mundo bohemio y artístico que el escritor le muestra en Montparnasee, donde se dan alegres tertulias sobre filosofía y literatura. Son los días en los que June, la esposa de Henri Miller, viaja a Paris y Anais se siente fuertemente atraída por su belleza y su arrolladora personalidad. Cuando June regresa a Nueva York es que Henri y Anais se convierten en amantes. Luego, en 1932, June viaja nuevamente a Paris, y con Anais y Henri, conforman un triángulo amoroso. Lo que sentía Anais por cada uno de los esposos lo expresa así: “Henry me da el mundo, June me da la locura”.



En una época Anaïs Nin y Henry Miller escribieron para un hombre que llamaban el coleccionista narraciones pornográficas. Esto les permitía sobrevivir. La identidad del hombre siempre fue anónima pero alguna vez Anais Nin le escribió indignada:“No sabe lo que se pierde por su observación microscópica de la actividad sexual, excluyendo los aspectos que son el combustible que la enciende: intelectuales, imaginativos, románticos, emocionales. Esto es lo que le da al sexo su sorprendente textura, sus transformaciones sutiles, sus elementos afrodisíacos. Usted reduce su mundo de sensaciones, lo marchita, lo mata de hambre, lo desangra”.

Henry Miller decía que Anais era especial, “especial porque carecía de conciencia de culpa, especial porque podía vivir cualquier situación sin inmutarse”. Ella decía sobre Henry Miller: “Para un escritor, un personaje es un ser con el que no se siente ligado por el sentimiento. El verdadero amor destruye la “literatura”. Por eso, también, Henry no puede escribir sobre mí, y quizá nunca escriba sobre mí –por lo menos, hasta que nuestro amor se acabe y, entonces, yo me convierta en un “personaje”, es decir, en una personalidad alejada, no fundida con él”. Una pasión literaria, publicado en 1970 reúne la correspondencia inédita entre esta pareja singular, y ofrece datos curiosos sobre la apasionada relación sostenida entre los años 1932 y 1953.
Ningún editor se interesó en un principio por Los Diarios de Anaïs Nin, pero tampoco sus libros estuvieron escondidos de sus contemporáneos porque ella misma los hacía circular entre los amigos con la complicidad de su marido, y sus otros amantes. En estos diarios es reiterativa la obsesión por su padre, de quien creía estar enamorada en su adolescencia, fijación que seguramente tenía su origen en el abandono en el que el 4b84_1_sbl.jpghombre dejó a su madre y la familia cuando se fue a vivir con una mujer más joven. Así se refería a esa pasión prohibida: “Me fui a mi cuarto, envenenada. Soplaba incesante el mistral, seco y cálido. Así llevaba días, desde que llegué. Destrozaba mis nervios. No pensé en nada. Me sentía dividida, esa división me mataba, la lucha por sentir la alegría, una alegría inalcanzable. La irrealidad opresiva. De nuevo la vida retrocediendo, eludiéndome. Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía. Había amado fragmentos de él en otros hombres: la brillantez de John, la compasión de Allendy, las abstracciones de Artaud, la fuerza creativa y el dinamismo de Henry”.

Su experiencia con el psicoanálisis influyó en la escritura de esos diarios que parecían un desahogo de sus neurosis o como decía su mismo analista Otto Rank eran desahogos que gracias a la literatura se convertían en obras de arte. Otras de sus obras destacadas son: D.H. Lawrence: An Unprofessional Study (1932), Invierno de Artificio (1939), Under a Glass Bell (1944), Escaleras hacia el fuego (1946), La casa del incesto (1949), Una espía en la casa del amor (1954), Ciudades Interiores (1959), Seducción del Minotauro (1961), Collages (1964), La novela del futuro (1972), Pájaros de fuego y Delta de Venus (1977).

Aunque escribió incesantemente, Anais Nin conoció la fama muy tarde, casi al final de su existencia. Su vida y su escritura no fueron comunes y ella misma lo confiesa: «Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré al mundo. Me adapto a mí misma».

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