Cosmovisión y conciencia gay en Jaime Gil de Biedma

La conciencia de Jaime Gil de Biedma se afirma en los requisitos del pasado para la consecución del eros gay, en una cosmovisión que juzga el envejecimiento como carente de prestigio por la pérdida de vitalidad que supone seguir el tren de aventuras homoéroticas al disminuir las fuerzas. La conciencia vincula íntimamente el pasado y presente del yo poético, quien se afirmará en su ethos a pesar del reprohe que le dirige una conciencia que privilegia como prestigiada a la juventud perdida.

Jaime Gil de Biedma (1929-1990) fue uno de los primeros escritores españoles que murieron de sida. En vida aceptó llevar su vocación poética y su opción sexual en público a tal grado que el partido comunista rechazó su ingreso por homosexual. Su vida sentimental fue el principal referente de su poesía, proveniente de una familia acomodada fue conciente de lo que representaba dar forma a la poesía confesional en su juventud ante la reticencia de la sociedad, una frase suya al respecto fue “He dado más problemas a mi familia como poeta que como maricón.” Gil de Biedma continúa una tradición iniciada por Lorca, Cernuda, pero que llega a afianzar al ser representante de una cosmovisión y conciencia gay del tipo de homosexual que tendrá el valor agregado de intelectual.

El poema del que desprendo esta hipótesis se titula “Contra Jaime Gil de Biedma” de su poemario Poemas Póstumos (1968) en el que el paso de la juventud a la madurez hace al poeta llevar un balance de su biografía y de su lugar en la poesía española ante la pérdida de la vehemencia del deseo homo erótico de su juventud. La cosmovisión gay de este poema sintetiza toda la experiencia homosexual del autor, cuya conciencia se haya escindida entre la afirmación de su ethos o disposición de su ser, y el reproche por el peso del agotamiento de una vida que inició tiempo atrás y que ya no puede dejar.


El gay cosmopolita: La ciudad propicia el encuentro con el otro deseado, el elemento autobiográfico está presente, el poeta abandona una vida de comodidades para recluirse en su vocación literaria y desplegar su impulso erótico con libertad. Reducido en un pequeño piso o un sótano, su yo maduro le parecerá un extraño que no inició las aventuras de juventud, pero sabe que a pesar del paso del tiempo ambos convergen hacia el mismo destino: el tedio, la pérdida de la ilusión, el cansancio y fastidio de algo en que no se puede dar marcha atrás y también la afirmación de su persona por la soledad experimentada en la ciudad, como espacio para el texto poético.

La modernidad y los personajes de la noche se muestran ajenos al envejecimiento del yo poético, quien tiene que trasladar su arte al espacio práctico de la ciudad, donde no hay lugar para florituras y la expresión de este desazón pesa más al yo envejecido que al anterior yo joven.

El yo frente a su doble: El doble se manifiesta por una continuidad del ethos gay a pesar del paso del tiempo, si bien el yo poético se reprocha las aventuras vividas que le han llevado a la soledad, no renuncia a ellas, los dos yo comparten la misma cosmovisión gay (se vive en vitalidad al liberar el deseo gay, se celebra esta experiencia en el arte, la personalidad gay se asume aceptando la condena social), solo que la conciencia está atrapada en un cuerpo maduro y se ha quedado atada a la ilusión de la juventud, por eso le cuesta mucho vivir sin disfrutar el placer homosexual como antes. La conciencia es el doble de la presentación actual frente al espejo, además esta conciencia acompaña al hombre maduro en sus correrías y se resiente al comprobar sus límites por el decaimiento.

La búsqueda del otro en la madurez: El yo poético ha quedado huérfano por la soledad en que está inmerso, le cuesta encantar a nuevos efebos, le es difícil portarse con la soltura y gracia de la juventud, su ciclo vital ha acelerado el desgaste, con más de treinta años el acabamiento por la mala vida se hace notorio. Sabe que su eros lo desborda, que no renunciará a los hábitos que definen su conciencia y su cosmovisión o forma de conectarse con el mundo, de satisfacer sus necesidades y llevar a cabo sus búsquedas.
Buscar a otros se hace penoso para la cosmovisión gay en que prima tanto el deseo por la belleza, la juventud es valorada como elemento de prestigio pero siempre el yo estará inscrito a un ciclo biológico irreversible, si bien estos ciclos tienen distinta duración en los seres humanos llegando algunos a conservarse más de la cuenta y otros a desgastarse aceleradamente, Gil de Biedma había experimentado la calvicie prematura, al llegar a los treinta había perdido gran parte de su cabello, esto creaba más distancia entre la juventud y la madurez, pues el cambio fisiológico era más notorio.

Afirmación y rechazo del yo: La cuarta estrofa es la más poderosa de este poema, la que llama más la atención con esa increpación “¡Si no fueras tan puta!” y es que el yo poético ha vivido tanto el amor homosexual que ha banalizado su disfrute y ha perdido el encanto con la madurez, se siente débil para liberar su eros, para regresar a casa con su dosis de deseo satisfecho, este poema se comunica con “Nostalgie de la Boue” (Nostalgia del barro) de Gil de Biedma, en la que el yo hace remembranza de los gays que se aman en el lodo, demuestra que el impulso erótico gay se impone a las incomodidades, la noche lo uniformiza a el y a su amante con el ejército de seres que se prostituyen, el recuerdo celebra en este poema el amor gay a pesar de marcar el paso del tiempo, porque no hay una duplicación del yo como en “Contra Jaime Gil de Biedma”.

Gil de Biedma no sólo esta ironizando contra si mismo sino contra el Jaime Gil de Biedma que ha sido hasta ese momento el sujeto presente en sus poemas, el referente que ha sido llevado a su poesía confesional. Rechaza al yo agotado, que tiene que reportar sus experiencias al yo antes impetuoso que le exige la vitalidad y la entrega pasadas. Afirma con hidalguía la el rodar de amante en amante, el no tener un afecto fijo, el saber que la intimidad con su yo le exige estar a la altura de su deseo.

En la quinta estrofa la afirmación del yo se hace patente por amarse a sí mismo, algo que no puede evitar, sabe que su identidad gay le lleva a amar a otros pero sin llegar a odiar lo que es ni lo que ha sido, en la cama, espacio semiótico del amor convivirá su conciencia con su yo demacrado, presa del alcohol, el llanto y la rueda de afectos de la que no puede desprenderse.

Conclusión: En este balance que hace el yo poético de su existencia plantea el fin de un ciclo para el Jaime Gil de Biedma lírico que su conciencia y su cosmovisión gay no pueden aceptar, ante el rechazo de la debilidad queda la afirmación de su ethos, de una aceptación de que lo sigue podrá llegar a ser placentero pero más doloroso de lo necesario.

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