‘El niño de los caballos’, de Rupert Isaacson

‘El niño de los caballos’ es la última obra literaria del periodista Rupert Isaacson. En ella narra, a modo de diario de viaje, el recorrido que hizo, junto a su esposa e hijo autista, por Mongolia, en busca de los chamanes y los caballos, que parecían ser el mejor tratamiento para la enfermedad del niño.

Cuando afrontamos la lectura de un libro de viajes, siempre nos aguardan sorpresas. Conoceremos lugares exóticos, pueblos lejanos y costumbres ancestrales. El mundo es tan grande que es difícil conocerlo en profundidad y una buena manera de viajar con la imaginación es la lectura de estas obras. Y si, además, la obra nos toca nuestra fibra sensible, como en el caso de ‘El niño de los caballos’, el éxito está asegurado.

Portada de 'El niño de los caballos'

Portada de 'El niño de los caballos'

Su autor, Rupert Isaacson es un periodista norteamericano –aunque nació en Londres, vive en Austin, Texas- que escribía discursos políticos y libros de viajes, en los que combinaba lo exótico con los mitos ancestrales de las tribus de los países a los que viajaba. Por ejemplo, visitó las tierras africanas en busca del rastro de las tribus bosquimanas, cuyas costumbres, mitos y vida cotidiana plasmó en un libro. Sus obras siempre han tenido la peculiaridad de bucear en la mística y el chamanismo de los pueblos que visitaba, profundizando en aquellas culturas, no por ancestrales menos apasionantes y plenas de sabiduría.

Además, Isaacson se dedicaba a cuidar caballos. Era una especie de ‘susurrador’ de éstos animales, es decir, aquellas personas –todos conocemos la película protagonizada por Robert Redford– que hablan a los caballos con problemas de domesticación para conseguir que confíen en las personas.

Por su parte, su esposa Kristin Neff, trabajaba como psicóloga clínica en un centro de Texas, con niños que presentan problemas de socialización y relación con los demás.

Cuando ambos tuvieron un hijo, su dicha parecía perfecta. Pero Rowan, que así se llama el muchacho, cuando tenía tres años, comenzó a mostrar síntomas de autismo que fueron confirmados por los médicos. Puesto en tratamiento, nada parecía hacerle efecto. Ni las terapias, ni el programa de educación especial, ni la dieta alimentaria producían la menor mejoría. Incluso su padre pensó en abandonar el cuidado de los caballos temiendo que éstos pudieran dañar al niño. Por ello, su sorpresa fue mayúscula cuando vio que una de las yeguas de su propiedad, ya vieja y caprichosa, Betsy, desarrollaba con el muchacho un curioso vínculo de comprensión y afecto: Rowan, cuando estaba en su compañía, se mostraba tranquilo y mucho más comunicativo.

Igualmente, con ocasión de la visita de unos chamanes a Texas para promocionar una de las obras de Isaacson, pudo comprobar que sus cantos y danzas mágicos aliviaban al niño.

Jinetes en el festival mongol de Naadam

Jinetes en el festival mongol de Naadam

A la vista de todo ello, Isaacson concibió un sueño loco. Hay un lugar en la tierra donde los caballos son poco menos que sagrados y el chamanismo una religión: Mongolia. Por ello, los desesperados padres planearon un viaje por las tierras de aquel país como tratamiento alternativo para el niño. Allí estaría en contacto con caballos que descienden de los primeros que fueron domesticados por el hombre y sería tratado por chamanes que, a su vez, conservan los conocimientos ancestrales y cuasi míticos de los primeros brujos.

Lleno de un admirable fe en sus posibilidades, se puso a buscar financiación para su descabellado proyecto. Con la propuesta de escribir un libro sobre el viaje y rodar un documental, se pasó tres años de editorial en editorial hasta que, al fin, una de las más importantes de Estados Unidos, Little, Brown and Company, le compró los derechos.

Alternando en su recorrido una furgoneta destartalada y mulas, emprendieron un viaje de cuatro semanas por las tierras de Mongolia, de chamán en chamán, asistiendo a todas las ceremonias que les era permitido y relacionando a Rowan con los caballos y sus cuidadores de forma estrecha. La consecuencia del viaje fue lo que Isaacson se resiste a denominar cura, pero sí califica de asombrosa recuperación.

Caballos de Mongolia reposando junto a sus jinetes

Caballos de Mongolia reposando junto a sus jinetes

Y, fruto de todo ello, es ‘El niño de los caballos’, un a modo de diario de tan peregrino viaje, que narra las experiencias vividas a lo largo de él y la mejoría de su hijo. Y también un documental y un largometraje –éste último, aún en proyecto- que será producido por Mark Ordesky, ejecutivo de la trilogía de ‘El Señor de los anillos’ y cuyo guión escribe el propio Isaacson.

Pero ‘El niño de los caballos’ es, sobre todo, el testimonio de un padre capaz de llegar, literalmente, al fin del mundo en busca de la curación de su hijo y con una fe inconmovible y excepcional en lograrlo, así como un ejemplo de tenacidad y lucha vital.

'La tierra de curación', otra obra de Isaacson

'La tierra de curación', otra obra de Isaacson

Baste, como ejemplo, la primera impresión que les causó el encuentro con los chamanes mongoles, de los que Isaacson dice que, al principio, pensó que había sido un gran error, ya que todos tocaban tambores y cantaban alrededor del niño, enloqueciéndolo, y a él y a su esposa los azotaron con cueros y los sometieron a vejaciones aún peores. Pero, repentinamente, Rowan pareció sentirse cómodo entre aquellos brujos y se puso a jugar con ellos. Incluso hizo el primer amigo de su vida, un niño nativo, al que bautizaron como Tommoo, con el que se encontró en ese campamento y que los acompañaría a lo largo de todo el viaje.

Nos encontramos ante un relato extraordinario por su profundo y enternecedor contenido humano, por la lección de tesón y lucha contra la adversidad que enseña y por la enseñanza de cariño a los animales que proyecta.

Es una de esas obras cuya calidad literaria es indiferente, e incluso insignificante, ante la lección humana que brinda. Todos los padres que tengan hijos con autismo –y también los que no los tengan, e incluso quienes ni siquiera tengan hijos- tienen mucho que aprender de este libro: vencimiento de la frustración, lucha y afán de superación son algunas las enseñanzas que nos puede dejar la historia del pequeño Rowan.

Estamos deseando que se ruede y estrene la película, que, si como es de esperar, se parece al libro, constituirá un maravilloso relato de cómo se debe luchar por no perder la esperanza y, abandonando toda frustración, esforzarse por superar la adversidad. Y también, no lo olvidemos, una extraordinaria historia de afecto por los animales.

Fotos: Portada de ‘El niño de los caballos’: tomada de la web de la editorial Barnes & Noble | Naadam: Wiggum en Wikipedia | Caballos de Mongolia: JoapV en Wikimedia | Portada de ‘La tierra de curación’: Tomada de la web de Borders Stores

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