‘El primer caso del peluquero’, de Christian Schünemann

Aunque la novela policiaca nos gusta mucho, empezamos a estar un poco hartos de que escritores y editoriales no publiquen otra cosa. Tal parece que no existieran otros géneros narrativos. La última que hemos visto es ‘El primer caso del peluquero’, de Christian Schülemann, en la que la originalidad se reduce a que el investigador es un peluquero de divas y presenta interesantes descripciones de peinados.

Partiendo de la premisa de que la novela policiaca nos parece un género excelente, muy ameno y, en el caso de sus mejores representantes, de una importante calidad literaria, nos vemos en la obligación de decir que ya nos parece excesivo el número de ellas que se publican últimamente. Tal parece que la narrativa no posea otros géneros. Y ello por no mencionar majaderías del estilo de ‘El código Da Vinci’.

Christian Schünemann

Christian Schünemann

Escritores y editoriales, atraídas por su éxito, casi no publican otra cosa. Detectives en la antigua Roma o en la Grecia clásica, sabuesos renacentistas, profesionales de la investigación, aficionados, e incluso chiflados que salen del manicomio para investigar un caso, como el genial loco de Eduardo Mendoza, todo son narraciones policiacas. Y, la verdad, aunque nos gusta el género, ya empezamos a estar un poco cansados de la falta de imaginación de los escritores.

Así sucede con ‘El primer caso del peluquero’, de Christian Schünemann (Bremen, Alemania, 1968), con la peculiaridad de que, en esta ocasión el detective es un estilista de estrellas de la moda, que, en sus ratos libres, investiga asesinatos. Tomas Prinz, que así se llama el protagonista, recibe una llamada de Alexandra Kaspari, jefa de la sección de belleza de la revista ‘Vamp’, pero esta vez no necesita un arreglo de pelo, sino que es mucho más grave, pues a las pocas horas aparece asesinada. Prinz es la última persona que habló con ella y se siente obligado a resolver el enigma.

Como no podía ser menos en una obra detectivesca, el investigador tiene una ayudante, Bea, que trabaja en su establecimiento y es fanática de la Astrología. Pero, cuando llega de Moscú el novio de Tomas, Aliosha, el enredo se complica….


Como podemos ver, y sin tratar de menospreciar la obra de Schünemann, es más de lo mismo. La única originalidad es la profesión del investigador. Por lo demás, un asesinato, un detective aficionado con ayudante y enredos en las altas esferas de la moda.

Vista de Munich, escenario de la novela

Vista de Munich, escenario de la novela

No obstante, la obra está escrita con corrección y resulta amena, sobre todo para pasar unos momentos de lectura entretenida. Schünemann no escribe mal y, en este sentido, no hay nada que criticar. Son destacables las detalladas descripciones que hace de distintos peinados, que revelan un buen manejo de lo sensorial.

Lo que sí debemos exigir a los novelistas es que busquen menos el dinero fácil y utilicen un poco más la imaginación. Para vender muchos libros hay que escribir bien y hallar tramas interesantes, pero éstas no sólo se encuentran en la novela ‘negra’, sino que existen otros géneros narrativos que también atraen al lector.

Fotos: Schünemann: tomada de la web de la editorial | Munich: Stefan Kühn en Wikipedia

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