El prisionero del Cáucaso

El inicio de El prisionero del Cáucaso dice «Lo más probable es que ninguno de los dos soldados supiera que la belleza salvaría el mundo…», deja entrever un punto de vista romántico y trasgresor. Valorando que el autor es el responsable de «Asan», novela ganadora del premio Gran Libro, máxima galardón de la literatura rusa, Vladimir Makanin (Orsk, 1937), y valorando que nos adentramos en un relato corto que reflexiona sobre la segunda parte de la guerra de Chechenia, en 1997 y 1998, las palabras que abren el cuento que da título a la obra publicada por Acantilado son una muestra de la ambición literaria del escritor. Estamos ante un cuento anti-belicista, pero no emite únicamente un juicio moral; crea un vínculo con los soldados, una especie de empatía, transmitiendo las sensaciones y emociones del combate in situ, y mostrando de forma sutil la estupidez y absurdo de las guerras. Las 50 páginas de El prisionero del Cáucaso son suficientes para mostrarnos la categoría de Vladimir Makanin.

Geniales cuentos de la literatura rusa

Un antilíder, La letra A y Un cuento logrado de amor completan la recopilación de cuentos del volumen. En Un antilíder, Makan expone las dificultades para aceptar las circunstancias de la vida, sobre todo si hay una falta de autoestima y aplomo que puede llegar a provocar o envidia, o bien rabia incontrolada, o bien una sensación de vacío e impotencia desesperantes , que puede desembocar en violencia. A través de una serie de personajes, amigos de toda la vida gran parte de ellos, el autor reflexiona sobre las relaciones interpersonales y la introspección, esto como el déficit de honestidad que a menudo desenfoca y contamina las amistades, los matrimonios, y las sociedades.

Alumno aventajado del padre de la prosa de calle soviética, Yuri Trifonov, cabeza visible de una generación que bebía de Chejov y de los grandes novelistas norteamericanos de la primera mitad del siglo XX, como Scott Fitzgerald y John Dos Passos, Makanin se hace un nombre a nivel internacional gracias a La bella muchacha de ojos grises. Su carrera literaria comenzó en 1967, con Línea recta, aunque él es matemático, ingeniero y cineasta de formación. Pero la literatura fue lo que le permitió olvidar la frialdad y automatismos y viajar al apasionante campo de las letras y de las historias, y por tanto, de la vida real. Y esta es una reflexión de Makanin, quien se convirtió en escritor durante los años más calientes de la guerra fría, a mediados de los 60, cuando todo hacía pensar que la guerra nuclear lo fulminaría todo. Afortunadamente, la cordura venció, aunque nunca lo hace de forma absoluta. Ahora bien, sí fue definitivo el paso de Makanin al mundo de la literatura.

Una excelente forma de iniciarse en su universo literario es con este excelente libro de cuentos, El prisionero del Cáucaso (y otros relatos) (Acantilado, 2011), con traducción de Olga Korobenko.

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