Félix Grande, referente de la poesía española

El autor extremeño, puente entre dos generaciones líricas y figura destacada de las letras, murió el pasado treinta de enero.

Baile flamenco

A principios de los años sesenta del pasado siglo, un grupo de poetas más jóvenes vinieron a tomar el relevo de la llamada “Generación de los niños de la guerra”, la de Ángel González, Jaime Gil de Biedma o Antonio Gamoneda. Como nexo de unión entre ambos grupos, ejerció el extremeño Félix Grande (Mérida, 1937-2014), fallecido el pasado treinta de enero. Y lo hizo debido a que, por edad, no encajaba en los primeros pero era mayor que los segundos.

Éstos últimos serían más tarde agrupados por el ilustre crítico José María Castellet, también fallecido hace unos días, bajo el epígrafe de “los novísimos” y entre ellos se encontraban Pere Gimferrer, Vicente Molina-Foix, Guillermo Carnero o Ana María Moix.

Por tanto, el papel de Félix Grande en la poesía española de las últimas décadas es fundamental no sólo por la calidad de su lírica sino también por haber ejercido de puente entre dos generaciones. Apasionado por el flamenco –llegó a trabajar como guitarrista-, Grande se dio a conocer en 1964 con el poemario ‘Las piedras’, influido por Antonio Machado y de tinte existencial, que le reportó el Premio Adonáis ese mismo año. Tras este libro vendrían ‘Música amenazada’, ‘Blanco spirituals’ o ‘Años’, en los que va evolucionando hacia la experimentación con el lenguaje al tiempo que éste se convierte en virulento y dotado de potentes imágenes.

En 1978, obtuvo el Premio Nacional de Poesía por ‘Las rubáiyatas de Horacio Martín’ y en 2004 el Nacional de las Letras Españolas. También escribió narrativa –‘Las calles’, ‘Por ejemplo, doscientos’, ‘El marido de Alicia’– y dirigió durante años la revista ‘Cuadernos hispanoamericanos’, una de las más importantes de España. Entre sus influencias, él mismo citó siempre a Machado, a Luis Rosales, de quien fue discípulo y amigo, y a César Vallejo.

Hemos aludido con anterioridad a su afición por el flamenco. A este género, sobre el que era un experto, dedicó magníficos ensayos como ‘Agenda flamenca’ o el monumental ‘Memoria del flamenco’. Curiosamente, un poeta “de raza” como él, que calificaba a la poesía como un “estado de gracia”, se dedicó en las últimas décadas preferentemente a la prosa. Entre sus obras líricas más recientes, destacan ‘La cabellera de la Shoá’, publicado en 2010, y ‘Libro de familia’, aparecido dos años más tarde. De cualquier forma, lo mejor de su creación poética se halla en el volumen antológico titulado ‘Biografía’, compilado por él mismo. Descanse en paz.

Vía: ‘Biografías y Vidas’.

Foto: SD Dirk.

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