La Regenta de Leopoldo Alas Clarín

Ana Ozores la protagonista de la obra, es una joven de carácter sensible y soñador, que se encuentra encerrada en la realidad opresiva de Vetusta, reflejo de todas las ciudades de provincias españolas en el S. XIX. La muchacha buscará la libertad en el misticismo y en el amor, pero todos los aspectos de la vida llevan asociados el sabor de la derrota.

La Regenta de Leopoldo Alas Clarín

La Regenta de Leopoldo Alas Clarín

Clarín era el seudónimo que el gran Leopoldo Alas utilizaba para firmar sus obras. Comenzó a utilizar ese nombre al firmar sus artículos para El Solfeo, un periódico de orientación republicana. Con este sencillo gesto, Leopoldo Alas, iba a retratar lo que sería su vida y su obra en la segunda mitad del S. XIX.

No fue reconocido como uno de los más grandes de su época, junto a Pérez Galdós hasta finales del siglo pasado. Su carácter crítico con la sociedad de la época, le generó no pocas opiniones en contra y su magnífica La Regenta no obtuvo el reconocimiento merecido.

Sin duda, en ello influyó la fuerte crítica que en ella realiza de todos los estamentos aglutinadores de poder: el clero y su corrupción interna, los decadentes aristócratas y los hipócritas políticos.


A todos ellos atacó a lo largo de las páginas de La Regenta, reflejando en ellos el carácter de inmovilidad fétida que regía la vida de una ciudad, Vetusta, que constituía el reflejo de todas las ciudades de provincias de la época en España. De hecho, comparte multitud de características con Oviedo, lugar de residencia habitual de Clarín.

Uno de los puntos más destacados de la obra es la cohesión y coherencia interna de cada uno de los capítulos que la conforman. Cada uno de ellos es una estructura en sí mismo y al finalizar la última página de cualquiera, la sensación es la misma que la de haber cerrado un episodio completo y cerrado.

Al avanzar por las páginas del libro, no tiene el lector la sensación de ir dejando cabos sueltos a los que tendrá que estar atento más adelante. No, la obra va cerrando puertas, como si saliéramos de habitaciones individuales, en las se aloja un pedazo de la historia.

La protagonista, Ana Ozores, cruza cada una de esas habitaciones con nosotros. Primero lentamente, atenta al detalle y, después, con más velocidad, en un avance temporal mucho más amplio. Refuerza ese punto, el autor, con la marcada diferencia de tiempo entre la primera, donde transcurre todo en tres días, y la segunda parte, que abarca unos tres años.

Un espacio temporal que la señorita Ozores recorrerá en su lucha con la realidad opresora que la persigue. Buscará la libertad en el misticismo o en los brazos del amor pasional, pero tras todos ellos, como no podía ser de otra forma, se esconde el mismo sustrato de pérdida con el que La Regenta gobierna la vida de todos sus personajes.

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