Los vicios de Yago

Yago es uno de los más grandes villanos de la literatura universal. El personaje Shakesperiano resume en su personaje al personaje vil que intriga para conseguir sus objetivos. Se trata del arquetipo del intrigante.

Uno de los personajes más impactantes e inolvidables de la literatura universal es sin duda Yago. Un personaje paradigmático que resume uno de nuestras peores características como seres humanos. Uno se pregunta por qué algunos personajes son reconocidos como la fiel representación de nuestros vicios. Si somos todos virtuosos no deberíamos poder reconocer a una persona viciosa. Lo cierto es que todos en algún lugar de nuestro corazón tenemos algo de ese personaje malvado. Aunque nos avergüence reconocerlo reconocemos en esos personajes nuestras pequeñas debilidades. Quizás ellos sean tiranos y nosotros solo unos exigentes jefes en nuestros trabajos, pero la relación existe. Los personajes clásicos son el reflejo amplificado de nuestras virtudes y nuestros vicios. Y que duda cabe, Yago es uno de los grandes.

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Yago es uno de los personajes centrales del tremendo drama Otelo escrito por el genial bardo William Shakespeare. En la obra de Shakespeare Yago es el Alférez del Moro que sirve a una república occidental y que cae enamorado de una bella mujer veneciana. Una historia que pudo ser magnífica en el triunfo de la tolerancia y la lealtad más allá de las divisiones políticas y sociales se convierte en un genial estudio de varios de los peores vicios del ser humano: la codicia, le envidia y los celos.

Todos estos tres elementos están representados en varios personajes. También podemos encontrar la ira en el noble Otelo, quien luego de mostrarse como un hombre virtuoso cae ante las maquinaciones del pérfido Yago y se convierte en un ser iracundo que ejecuta el más vil de los asesinatos.



Otro de los vicios humanos que encontramos magníficamente retratado en el drama es la codicia. Rodrigo, antiguo pretendiente de la dulce Desdémona, se siente herido por el desprecio sufrido por la encantadora dama y alentado por Yago decide continuar en sus esperanzas por Desdémona, codiciando aquello que debió dar por perdido sin reparar en las consecuencias. Un personaje que podríamos entender en otras circunstancias, pero en la obra maestra de Shakespeare se no antoja antipático y vano. Un hombre sin entereza que se deja manipular por otro y que solo busca complacer sus deseos en puro derroche de egoísmo.

Sin embargo el personaje que reúne todos los vicios es Yago. Encontramos en este Alférez la traición, la envidia, la codicia y los celos. Todos los más rastreros deseos del ser humanos se juntan en un solo personaje. Tenemos en Yago al personaje ideal de los villanos. Tanta es la complejidad del personaje que incluso en la adaptación al cine de los años 90 del siglo XX se le propuso al actor Kenneth Branagh, famoso por su vanidad, interpretar al personaje de Yago y este aceptó con entusiasmo.

Interpretar a Yago para un actor consumado es un verdadero premio. La personalidad de Yago permite a cualquier actor representar el papel con una amplia gama de matices. Primero se trabaja la lealtad del Alférez, hombre de confianza de Otelo, con precisión y contudencia, luego se muestra poco a poco la turbulenta codicia del pérfido Yago. Un hombre temible disfrazado de verdadero amigo. Para muchos críticos Yago es un personaje verdaderamente luciferino.

Quizás todos los personajes de este magnífico drama sufren de algún vicio o defecto humano. El héroe de la historia es un hombre celoso que termina cometiendo homicidio por su falta de criterio a la hora de analizar las cosas. Los hombres poderosos de la obra se perfilan como seres distantes e inaccesibles. El único personaje que destaca por sus virtudes es la dulce Desdémona. Un ejemplo de amor fiel que sufre las consecuencias de sus ausencia de malicia. Quizás en su caso la desconexión con el mundo real de vicios y trampas sea su defecto. Un personaje que se ciega frente a los defectos de los otros, peca también de irresponsabilidad. En un mundo de codicia y celos no se puede permitir uno ser ingenuo. La ingenuidad castiga a los seres amados. Como resulta en el caso de Otelo y Desdémona.

otelo.jpgPero volvamos al personaje más complejo del drama. El primer vicio de Yago es la traición y la hipocresía. Tenemos en él al perfecto amigo. Un hombre en quien se pueden confiar todas las dudas. El pasado de Yago lo certifica como un amigo leal del moro Otelo. Gracias a su ayuda el intrépido moro ha logrado escalar posiciones en la sociedad veneciana, en las relaciones políticas y en el reconocimiento militar. Se trata sin duda de un personaje que compone la sorpresa en la obra. No es fácil imaginar la duda en Otelo. ¿Por qué debería dudar de su mayor hombre de confianza? Los compañeros leales son aquellos que nos sostienen en los peores momentos y uno tiende a confiar en ellos ciegamente. Por eso el refrán «cuídate de las aguas bravas pero de las aguas mansas que te proteja Dios». Una de los peores cosas que nos puede suceder en la vida es la traición de un buen amigo.

El otro vicio de Yago es la envidia. Pese a la lealtad probada durante años a su jefe y amigo, el oscuro Yago se siente opacado y frenado por la brillantez de Otelo. En el fondo siente que el triunfo de Otelo lo rebaja y anhela su triunfo. Entonces surge la codicia por socavar la posición de Otelo. El trabajo lento e ingenioso de Yago provoca una siniestra admiración. Tenemos que reconocer su inteligencia y la forma magistral como va orquestando la ruina de Otelo. Los genios, aunque sean genios del mal, siempre destacan sobre los demás.

Finalmente el tercero y más importante de los vicios que afectan a Yago. Los celos. Toda la obra Otelo gira en torno a este defecto humano. Yago los manipula para lograr sus objetivos. Para de alguna manera vengar la terrible envidia que siente por no ser él el amado y virtuoso. Teme en el fondo Yago no ser reconocido en sus méritos y se perturba por la poca atención que le prestan. Magnífico personaje que se puede disfrutar una y otra vez. Un verdadero clásico de todos los tiempos.

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