‘Marca del agua’, de Joseph Brodsky

Un día de 1966, Joseph Brodsky recibió tres novelas breves del escritor francés Henri de Régnier. Una de ellas pasaba a Venecia en invierno. Cuando el escritor ruso fue expulsado de la Unión Soviética en 1972 -después de haber pasado unos meses en campos de trabajo acusado de parasitismo-, decidió viajar a la ciudad del Adriático cada año en enero, coincidiendo con las vacaciones universitarias de los Estados Unidos. Venecia podía ser una extensión de su San Petersburgo natal, pero se convirtió no exclusivamente en un centro de peregrinación sino en un espacio para crear, una nueva patria, antípodas de la Rusia que le castigó, como tantos otros cerebros de su cultura.

'Marca de agua' refleja un Brodsky intimista

Fruto de muchas de aquellas estancias fue este ‘Marca del agua. El libro, en un género intermedio entre la reflexión personal, el dietario y la novela al estilo de Peter Handke. Es un compendio entre la poesía y la narrativa que en su prosa se estiman tanto como Brodsky lo hace con las descripciones decadentes de la ciudad o las observaciones ácidas sobre mujeres que lo amaron. También los intelectuales, artistas y escritores del PCI, que de forma burguesa apoyaban una ideología que el poeta sufrió con toda su injusticia. Son despiadadas muchas de las observaciones, desde la inicial de la mujer que va a buscar a la estación del tren, por no hablar de su marido de entonces, «un arquitecto de cortos alcances».

Tenemos un Brodsky intimista, que hace la disección de los diecisiete años que visitó la ciudad con «fidelidad» desde 1972. La lectura, muchos años después de que presentara en 1993 la edición castellana de Edhasa, nos puede recordar la visita que hizo en Barcelona. Hacía poco que había ganado el Nobel y era reconocido en todas partes. Él, como el libro, buscaba el calor de los bares sin abstenerse nada, a pesar de su debilidad cardiaca. Ahora, mientras esperamos la traducción de sus Collected poems, que Judit Díaz Barneda está preparando para Ediciones de 1984, ‘Marca de agua’ muestra un genio de la literatura del siglo XX, discípulo directo de Ajmátova, Pasternak , Mandelxtam y Tsvetáieva, generación mutilada por los estalinistas. Los que no lo conozcan, ya no tienen excusa para adentrarse en un verdadero autor primordial de la literatura de los últimos años. Continúa sonando tan bien como hace casi veinte años, entre la reflexión y la percepción.

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