RBA reedita ‘En busca del tiempo perdido’, de Marcel Proust

Una de las obras más importantes de la narrativa del siglo XX y absolutamente original, ‘En busca del tiempo perdido’ constituye, con sus siete partes, un auténtico canto a la literatura como creación estética y artística.

Marcel Proust

Retrato de Marcel Proust

No es tarea fácil emprender la publicación de las más de tres mil páginas que componen ‘En busca del tiempo perdido’, la monumental creación de Marcel Proust (Auteuil, París, 1871-1922) que, como ocurriera con el ‘Ulises’ de James Joyce, cambió para siempre, no sólo las técnicas narrativas, sino el concepto de novela en general. Se cumplen, además, ahora cien años de la aparición del primer volumen de la obra, ‘Por el camino de Swan’ (1913).

Sin embargo, la editorial RBA se ha lanzado a hacerlo con traducción de Carlos Manzano. De momento, ha sido esta primera parte la que ha llegado a las librerías pero, a lo largo de 2013, irán apareciendo los otros seis volúmenes que componen la monumental obra cuya creación llevó a Proust toda su vida. De hecho, él mismo comparaba su proyecto con la construcción de una catedral, tanto por su tamaño como porque partía de un plan inicial que, con el tiempo y sobre la marcha, tendría que ir modificando.

‘En busca del tiempo perdido’ no es, precisamente, una lectura para quiénes disfrutan con un argumento vertiginoso donde suceden muchas cosas. Al contrario, sólo los que leen con minuciosidad, disfrutando cada detalle del texto, encontrarán placer en la obra proustiana. El mismísimo André Gide, Premio Nobel de Literatura y que trabajaba para la editorial Gallimard, rechazó el texto argumentando: “No puedo comprender que un señor emplee treinta páginas para describir como da vueltas y más vueltas en la cama antes de encontrar el sueño”. Esta es sólo una muestra de lo que ofrece la obra: detallismo y puntillosidad en la descripción de sensaciones, paisajes y todo tipo de experiencias sensoriales. Claro que expresadas con una prosa magistral, extraordinaria.

En este sentido, podríamos decir que Proust representa en la Literatura lo opuesto a Emile Zola (recordemos que son contemporáneos, pues éste último murió en 1902): si el creador del Naturalismo observa y reproduce la realidad y las conductas humanas con absoluto rigor, aquél narra las propias experiencias que vivió basándose únicamente en sus recuerdos y adornándolas con un estilo literario puramente artístico (de ahí, además de por las técnicas empleadas, la importancia de Proust como renovador de la novela).

Habitación de Proust

La habitación de Marcel Proust recreada en el Museo Carnavalet de París

Y es que ‘En busca del tiempo perdido’ es, entre otras cosas, un libro de memorias donde el autor nos cuenta su vida y la decadencia de la clase social a la que pertenece. Cada uno de sus volúmenes se centra en una época de su biografía: ‘Por el camino de Swan’ habla de su infancia; ‘A la sombra de las muchachas en flor’, de su adolescencia y despertar sexual; ‘El mundo de Guermantes’ relata su conocimiento de un mundo aristocrático y degradado; ‘Sodoma y Gomorra’ incide en el mismo tema; ‘La prisionera’ representa su complicada relación con Albertine y, en un sentido más amplio, una reflexión sobre los celos; ‘La fugitiva’ narra la huida de ésta y, finalmente, ‘El tiempo recobrado’ supone la culminación de la peripecia del autor: tras una larga enfermedad regresa a París para contemplar con horror como ese mundo aristocrático al que critica pero que tanto admira prácticamente ha desaparecido.

Es entonces cuando, convencido de que sólo la creación artística puede ayudarlo a sobrevivir, se lanza a escribir la obra que nos ha legado. Volvemos así al principio, completando un viaje circular. A grandes rasgos, esta es la temática de ‘En busca del tiempo perdido’. Pero, si el lector ha sido capaz de llegar hasta el final, habrá asistido a un sinfín de descripciones y recuerdos mostrados con extraordinaria minuciosidad y, sobre todo, a larguísimas digresiones en las que cabe todo. Un universo propio que admite numerosas interpretaciones y que convierte a la obra proustiana en un verdadero monumento a la creación literaria.

Fuente: Sólo de libros.

Fotos: LWY

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