Mario Benedetti

El intelectual debe ser conciencia de su pueblo y azote del poder. Y, hoy, en que tan poco abunda esta figura, Benedetti se engrandece como precisamente eso: un intelectual coherente siempre e insobornable al poder -fuese del color que fuese-, un hombre que mantuvo siempre sus ideas y su independencia y que creó una obra literaria digna de admiración y que aquí repasamos.

Hace unos días ha muerto Mario Benedetti, uno de los últimos intelectuales de verdad que quedaban. Hombre insobornable y coherente con sus ideas, durante toda su vida denunció lo que consideraba injusto sin importarle quién lo perpetrara.

Mario Benedetti

Mario Benedetti

De toda la vida, el pensador, el intelectual, ha sido la persona incómoda para el poder –fuese del color que fuese-, la conciencia que lo vigilaba y fiscalizaba sus pasos, denunciando las tropelías a que casi todos recurren. Era perseguido por unos y por otros, porque, aunque como persona tuviese unas ideas, cuando gobernaban los contrarios, era su enemigo y, cuando lo hacían los propios, los vigilaba con mayor motivo, dado su ascendiente sobre ellos.

Hoy día en que casi no existen, pues la mayoría de los que pasan por serlo son pesebreros del poder establecido, voceros a sueldo del que manda, para cantar sus glorias o tapar sus vergüenzas, figuras como la de Benedetti se aparecen como gigantes, como quijotes luchando contra molinos, en permanente vigilia para denunciar la injusticia.

Mario Benedetti había nacido en Paso de los Toros (Tacuarembó, Uruguay) en 1920, aunque ya con cuatro años se transladó con su familia a la ciudad a la que permanecería ligado durante toda su vida, Montevideo. Ejerció el periodismo, pero su gran labor fue la literatura. Poeta, ensayista, narrador y crítico literario, presenta una abundantísima obra, en la que destacan algunas creaciones maestras.


Como todo intelectual que se precie, fue perseguido y sufrió el exilio y el ‘desexilio’, como él bautizó su retorno, en 1983, a su tierra uruguaya. Fue también profesor y recibió numerosos doctorados ‘honoris causa’ por parte de distintas universidades.

Tacuarembó, ciudad donde Benedetti vivió entre los dos y los cuatro años

Tacuarembó, ciudad donde Benedetti vivió entre los dos y los cuatro años

Pertenecía a la llamada ‘Generación de 1945′, la misma de Idea Vilariño y otro grande de las letras uruguayas y universales, Juan Carlos Onetti. Hombre tímido y tranquilo, gustaba del whisky corriente con un poco de limón y era, como todo hombre culto, un excelente conversador. Quienes le conocieron hablan de la sempiterna maletita que lo acompañaba siempre, cargada de esbozos, poemas y otros escritos.

Dicen que un día se encontró en el aeropuerto de París con el cantautor Daniel Vigietti, quién le dijo: ‘Estoy haciendo música para sus poemas’; Benedetti respondió: ‘Y yo estoy haciendo poemas’, y se quedó pensativo, para a continuación apostillar: ‘Tenemos que hacer algo con esta casualidad’. De ahí surgió una gira de conciertos y un libro. Él, que era, como decíamos, un gran tímido, se vio convertido en estrella de la música.

Aunque tenía excelentes cualidades como poeta, género que cultivó con profusión, a nuestro juicio, donde Benedetti tiene mayor relieve es en la prosa. No obstante, algunos de sus libros de poemas son de gran calidad: ‘Poemas de la oficina’ (1956), ‘Contra los puentes levadizos’ (1966), o ‘La casa de ladrillo’ (1977), luego reunidos en ‘Inventario’ (1981).

Los temas de su poesía, como los de sus prosa, son universales: el amor, el compromiso, el ser del hombre. Y el lenguaje es sencillo, perfectamente inteligible por todos. Sin duda, era un poeta ‘a la inmensa mayoría’.

Montevideo, a la que Benedetti permanecerá siempre ligado

Montevideo, a la que Benedetti permanecerá siempre ligado

Como ensayista, abarcó desde la crítica literaria –tiene un excelente ensayo sobre Marcel Proust y un magnífico estudio sobre la literatura uruguaya del siglo XX– Hasta la sociología, pasando por la política, con títulos tan significativos como ‘El escritor latinoamericano y la revolución posible’. En todos ellos, su insobornable independencia queda de relieve, criticando todo lo criticable. Incluso reflexionó sobre el exiliado, un tema que tan bien conocía, en ‘El desexilio y otras conjeturas’ (1984).

Por otra parte, fue un excelente narrador. Un sin fin de cuentos y algunas obras extensas salieron de su pluma. Claro que éstas últimas tampoco son tan extensas, pues gustaba de novelas poco voluminosas. Y es que, para decir mucho, no hacen falta tantas páginas.

Probablemente, su obra maestra en este género sea la novela ‘La tregua’, escrita en 1960, que ha sido traducida a un sin fin de idiomas y vendida por todo el mundo. Narra la historia de Martín Santomé, un montevideano viudo. Vive su ocaso, pero, cuando conoce a Laura Avellaneda y se enamoran, todo cambia para él. Parece volver a la vida. Pero la joven muere y el vuelve a caer en la frustración, pero da gracias por la tregua que Dios y la vida le han dado.

Escrita en forma de diario íntimo, la novela resulta una lograda búsqueda interior de la persona. En 1974, fue llevada al cine por Sergio Renan, con Héctor Alterio en el papel de Martín. La película ganaría el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1975.

Universidad de Alicante, una de las que otorgó el Doctorado 'Honoris Causa' a Benedetti

Universidad de Alicante, una de las que otorgó el Doctorado 'Honoris Causa' a Benedetti

Junto a esta obra maestra, presenta otras muy destacables. Por citar algunas, hablaremos de ‘Quién de nosotros’ (1953), su primera novela, en la que, a través de un triángulo amoroso, realiza un ejercicio de realismo psicológico del que se deduce la pregunta ‘¿Quién de nosotros juzga a quién?‘; ‘El cumpleaños de Juan Ángel’ (1971) y, muy especialmente, ‘Gracias por el fuego’ (1965), implacable crítica de la sociedad conformista que veía desarrollarse y de la que el hombre es, a un tiempo, víctima y parte, con un estilo incisivo, como para despertar conciencias. En ella armoniza, además, las técnicas del ‘nouveau roman francés’ con su innegable originalidad.

Entre sus volúmenes de cuentos, citaremos ‘Esta mañana’ (1949), ‘Montevideanos’ (1959), ‘La muerte y otras sorpresas’ (1968), o ‘Con y sin nostalgia’ (1977). De ellas, la más popular es ‘Montevideanos’, en el que presenta historias universales: un abandono conyugal, el noviazgo deseado que nunca llega, el suicidio que falla, los mirones que arriesgan su vida por ver desnuda a la vecina, e, incluso, un relato de hazañas futboleras que acaba con hospitalizados.

Como vemos, su obra es muy amplia, pero lo que destaca por encima de ella son cualidades muy poco comunes en estos tiempos corruptos: su honestidad, su insobornable independencia y su coherencia vital: Benedetti siempre tuvo las mismas ideas y siempre las defendió con buen criterio y respeto a los demás. Se puede estar de acuerdo con ellas o no, pero, en este mundo en que proliferan los chaqueteros, tránsfugas y demás ralea, esto es mucho.

Fotos: Mario Benedetti: Zeroth en Wikipedia | Tacuarembó: Tano 4595 en Wikimedia | Montevideo: Cecil en Wikimedia | Universidad de Alicante: JM Pérez en Wikipedia

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