‘Amor venga sus agravios’, de José de Espronceda

Un drama romántico cuyo disoluto antihéroe recuerda al Félix de Montemar de ‘El estudiante de Salamanca’.

Lisboa

Entre todos los autores del Romanticismo español, es sin duda José de Espronceda (Almendralejo, Badajoz, 1808-1842) el que mejor personifica el espíritu de la época. Solamente Mariano José de Larra por su amargo pesimismo y temprano suicidio podría hacerle sombra. Pero los restantes contemporáneos, como Martínez de la Rosa o el duque de Rivas, si bien fueron románticos en su creación literaria, no pasaron de acomodados burgueses en su modo de vida.

En cambio, Espronceda ha sido mil veces comparado con Lord Byron. Y es que el autor de la famosísima ‘Canción del pirata’ fue un contumaz conspirador político, participó en la parisina Revolución de 1830 y, en cuanto a sus relaciones sentimentales, baste mencionar su tortuosa historia con Teresa Mancha para corroborar su mentalidad romántica.

Espronceda fue, además, uno de los grandes poetas españoles del siglo XIX. A causa de sus actividades políticas, recorrió media Europa –vivió en Lisboa, Londres y París-, empapándose de las corrientes literarias más novedosas. Entre sus obras líricas, destacan, especialmente, dos largos poemas: ‘El diablo mundo’ y ‘El estudiante de Salamanca’, éste último, una suerte de revisión del mito de don Juan anterior al famoso drama de José Zorrilla. También publicó una novela, ‘Sancho Saldaña o el castellano de Cuéllar’, fruto del tiempo que estuvo desterrado en esa villa y que no pasa de ser una de tantas narraciones históricas románticas, debidas en buena medida a la influencia de Walter Scott.

Más interesante es su teatro. Al margen de la comedia ‘Ni el tío ni el sobrino’, más bien discreta, destacan dos dramas: ‘Blanca de Borbón’, sobre la princesa casada con Pedro el Cruel a la que éste mandó asesinar, y ‘Amor venga sus agravios’. Éste último tiene como protagonista a Clara, marquesa de Palma, enamorada de Pedro de Figueroa. Por obra del cortesano Álvaro, se ve obligada a renunciar a su amado e ingresar en un convento.

Para vengarse, atrae al palaciego hasta su retiro con intención de asesinarlo con un veneno. Especialmente interesante desde el punto de vista dramático resulta este Álvaro, un hombre disoluto que recuerda al Félix de Montemar del citado ‘El estudiante de Salamanca’. Sin embargo, el drama queda por debajo de ‘Blanca de Borbón’, pues ésta posee una mayor fuerza trágica. Indudablemente, el mérito literario de Espronceda se halla en su lírica. No obstante, también su teatro es interesante y no desmerece en absoluto del que se cultivaba en su tiempo.

Vía: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Foto: Chris Yunker.

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