‘Ardinghello y las islas afortunadas’, de Wilhelm Heinse

Las peripecias de un ficticio aristócrata y pintor florentino del siglo XVI profundamente audaz y, sobre todo, hedonista.

Libro Ardinghello y las islas afortunadas

Analizando ciertas obras de la Literatura Universal pueden apreciarse con claridad los cambios que se estaban produciendo en las mentalidades cuando se publicaron. Esto se hace más evidente cuanto más radical fuera ese cambio. Por ello, las aparecidas a fines del siglo XVIII, etapa que marca el paso del racionalismo ilustrado al idealismo romántico, muestran diáfanamente que la concepción del mundo y del hombre empezaba a ser otra muy distinta.

A ese periodo se le conoce, justamente, como Prerromanticismo en toda Europa y como “Sturm und Drang” (“tormenta y espíritu”) en Alemania. Y a la literatura germana pertenece una de esas obras a las que aludíamos: ‘Ardinghello y las islas afortunadas’, de Johann Jakob Wilhelm Heinse (Langewiesen, 1749-1803).

Contemporáneo de Goethe, Friedrich Hölderlin y Wieland, de quien fue discípulo, Heinse tenía una formación clásica que le hacía admirar profundamente el Renacimiento Italiano pero su forma de entender la vida era genuinamente romántica. No en balde, para él la Razón, entronizada por su siglo, era “una domadora tiránica”. Prefería la sensibilidad artística y vital. Incluso diríamos que era un profundo hedonista que propugnaba el goce de todo lo placentero que brinda la existencia. No es casual, por tanto, que su influjo entre los románticos fuera enorme. Entre sus novelas, destacan ‘Laidion’, sobre la antigüedad griega, y ‘Hildegard von Hohenthal’.

Pero, sobre todo, ‘Ardinghello y las islas afortunadas’, escrita precisamente tras una estancia de tres años en Italia y que constituye la primera “novela de artista” de la literatura alemana. Su protagonista es un aristócrata y pintor florentino del siglo XVI llamado Frescobaldi y apodado, justamente, “Ardinghello”. Perfecta encarnación del caballero renacentista, con la espada en una mano y el pincel en la otra, viaja constantemente viviendo un sin fin de aventuras y no menos amoríos.

El citado hedonismo de Heinse rezuma por todas partes, como cuando defiende la poligamia. Pero la novela es mucho más que eso: compendia el relato folletinesco, la obra de capa y espada y las más profundas disquisiciones sobre el arte renacentista ( así, las dedicadas a Tiziano, Andrea Palladio o Rafael, considerados epítome del talento y la genialidad). Incluso sus tesis políticas, muy modernas, tienen cabida en la obra. Significativa a este respecto es la descripción de una república ideal que el protagonista y sus amigos terminan fundando en Naxos y Paros. En suma, ‘Ardinghello y las islas afortunadas’ es una novela muy curiosa que llama la atención por su audacia y modernidad.

Vía: ‘El País’.

Foto: Editorial Pre-Textos.

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