‘Crónica de Dalkey’, de Flann O’Brien

La alocada história de un singular personaje que ha inventado una máquina que le permite hablar con San Agustín y otros personajes del pasado.

Dalkey - Irlanda

La literatura irlandesa de principios del siglo XX tiene una magnífica calidad. Baste citar a James Joyce o a William Butler Yeats para corroborarlo. Y también cuenta con un buen número de autores a los que podríamos calificar como «secundarios» pero no por ello menos brillantes. Además, en las obras de todos ellos se halla ese sustrato legendario tan propio de aquel país.

Ambas circunstancias se dan en la figura de Flann O’Brien, pseudónimo de Brian O’Nolan (Strabane, 1911-1966), a quien se comparó en su época con el propio Joyce y que, además, añade a sus textos un ingrediente cómico basado en sus propios compatriotas enormemente divertido.

O’Brien trabajó como funcionario del Estado (de ahí que utilizara pseudónimo) al tiempo que colaboraba en el periódico ‘Irish Times’. En cuanto a sus novelas, no posee una obra extensa, pues sólo escribió cinco, dos de las cuales fueron publicadas póstumamente. La primera de ellas lleva el curioso título de ‘En Nadar-dos-pájaros’ y su contenido no es menos peculiar, ya que combina el experimentalismo narrativo con el humor a través de una trama que se acerca al surrealismo de Lewis Carroll, el famoso autor de ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Tras ella, vendrían ‘La boca pobre’, donde parodia las contradicciones de los irlandeses, y ‘La vida dura: una exégesis de lo escuálido’, cuyo título ya nos da idea de su comicidad.

Tras la muerte de O’Brien apareció ‘El tercer policía’, ambientada en la Irlanda rural. En esta obra presenta un universo a medio camino entre lo real y lo fantástico para lo cual se vale de circunstancias de la vida cotidiana (por ejemplo, un policía en bicicleta) a las que confiere un simbolismo terrorífico que tiene un efecto a la vez cómico y claustrofóbico en el lector.

Por su parte, ‘Crónica de Dalkey’ recupera a un personaje de la anterior. Es el genial De Selby, que ahora vive a las afueras de Dublín (en Dalkey) y que, como sabio excéntrico, continúa poniendo en cuestión algunas de las certezas del hombre contemporáneo (entre otras, la Teoría de la Relatividad de Einstein). Además, gracias a un invento que le permite manipular el tiempo y el espacio, es capaz de mantener charlas con personajes del pasado como San Agustín. A la vista de semejante argumento, no hace falta señalar lo cómico de la obra. Además y por increíble que parezca O’Brien consigue darle una forma lógica a ese mundo absurdo.

Fuente: ‘Letralia’.

Foto: Infomatique.

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