‘Don Camilo’, de Giovannino Guareschi

Un personaje inolvidable que ha llegado a ser más popular que su creador y a quién dio vida en el cine el actor cómico Fernandel.

Don Camilo

En una Italia que se reponía poco a poco de las heridas provocadas por la enorme conmoción de la Segunda Guerra Mundial, hubo un escritor que trató de insuflar a sus compatriotas una sonrisa que aliviase, en lo posible, sus penas. Su nombre era Giovannino Guareschi (Roccabianca, 1908-1968) y, aunque fuera de su país no resulte muy conocido, sí lo es su genial creación: el cura don Camilo, llevado muchas veces al cine por el actor Fernandel.

De la ironía presente en los relatos protagonizados por este sacerdote se deduce que Guareschi tenía una pluma afilada. Y, en efecto, así era. Ejerció el periodismo desde muy joven y tuvo problemas con las autoridades fascistas por una serie de críticas al Gobierno de Benito Mussolini.

Tras luchar en la guerra, continuó su actividad y entonces los conflictos le llegaron con las nuevas magistraturas del país y supusieron que hubiese de visitar varias veces la cárcel. Dotado, además, de enorme ingenio, defendió desde las páginas de sus publicaciones la Democracia Cristiana y atacó al comunismo, lo cual no le impidió revestir a Peppone, el antagonista de don Camilo, de cualidades positivas pese a sus ínfulas de fiereza. Precisamente así, ‘Don Camilo’, se titula la primera novela de la serie del famoso sacerdote. Fue publicada en 1948 y, tras ella, vendrían otro buen número de relatos, algunos aparecidos póstumamente.

Ambientados en un pequeño pueblo a la ribera del Po que, para las películas, es Brescello, narran las vicisitudes de un humilde cura con bastante carácter y, sobre todo, sus constantes enfrentamientos con el citado Peppone Bottazzi, comunista recalcitrante y Alcalde de la villa, en los cuales, habitualmente, vence aquél (o, al menos, empata). Esto es lo verdaderamente interesante por la comicidad de que rebosan, el argumento carece de importancia.

Aunque estos dos personajes conforman el armazón de las novelas, junto a ellos aparecen un buen número de secundarios no menos graciosos como los esbirros de Peppone, conocidos por sus apodos («el Flaco», «el Pardo» o «el Brusco»), e incluso Ful, el perro de don Camilo. Tal fue el éxito de estas historias que aún continúan editándose en medio mundo. Y las numerosas películas basadas en ellas no les van a la zaga pues el actor Fernandel interpretó tan bien al peculiar sacerdote que se ha convertido en su auténtica encarnación para la posteridad.

Fuente: La Editorial Virtual.

Foto: Fabio Paoleri.

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