‘El cántaro roto’, de Heinrich von Kleist

Una comedia de enredo de tono picaresco que recuerda a las creaciones de nuestro teatro del Siglo de Oro, tan del gusto de los románticos alemanes.

Cantaro

El romanticismo alemán presentó un carácter distinto del que se desarrolla en otros países. Ya a fines del siglo XVIII, nace el “Sturm und drang”, un movimiento literario de rechazo al racionalismo neoclásico amparado por autores como Herder y Johann Wolfgang von Goethe. Frente a los cánones anteriores, defendía la exaltación de la subjetividad y el genio creativo además de contar con un fuerte componente místico y patriótico. De esta corriente nace todo el romanticismo germánico en el que se cuentan otros escritores como Novalis, Friedrich Hölderlin y E.T.A. Hoffmann.

Pero, posiblemente, quien mejor personificó el espíritu de la época fue Heinrich von Kleist (Fráncfort del Óder, 1777-1811), un hombre insatisfecho y desubicado en el mundo que además llevó sus ideas a la actividad política y militar.

Participó con Prusia en las guerras contra la Francia napoleónica e incluso llegó a ser encarcelado bajo la acusación de espionaje. También fundó el ‘Berliner Abendlätter’, un diario crítico contra la ocupación gala de territorios germanos. Por si todo ello fuera poco, en consonancia con el espíritu romántico, terminaría suicidándose junto a su novia y musa, Adolfine Vogel. Como escritor, nunca obtuvo éxito (si bien colegas como los hermanos Grimm le consideraban superior a Schiller) y fue ya en el siglo XX cuando su creación empezó a ser valorada. Nos ha legado poesías, textos en prosa como la novela ‘Michael Kohlhaas’ y obras teatrales a medio camino entre lo clásico y lo romántico. Entre éstas últimas destacan ‘La familia Schroffenstein’, ‘Roberto Guiscardo’, ‘La batalla de Arminio’ y ‘El príncipe de Homburg’.

Por su parte, ‘El cántaro roto’ es una comedia de enredo. Una madre recurre a la Justicia para que ésta castigue al hombre que se ha colado en el dormitorio de su hija, una joven en vías de casarse llamada Eva. Ante el juez, acusa al prometido de ésta, quien proclama ser inocente y a su vez hecha la culpa a un zapatero, al tiempo que rompe el compromiso con la joven.

Sin embargo, a través de una serie de equívocos se descubre que el intruso ha sido el propio juez, quien trataba de inculpar a un inocente para salvar su reputación. La pieza, escrita en 1808 no fue estrenada en vida de Kleist, lo cual nos da idea del escaso predicamento con que contaba el escritor. Posteriormente, lo ha sido muchas veces, incluso en España. Y es que se trata de una comedia al más puro estilo de nuestro teatro del Siglo de Oro, del cual por cierto eran admiradores los románticos alemanes.

Vía: ‘Theatre History’.

Foto: Enmanuel.

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