‘El canto de la alondra’, de Willa Cather

La historia de una muchacha criada en las grandes praderas que logra convertirse en estrella del Metropolitan Ópera House de Nueva York.

Metropolitan Opera House

El proceso de colonización hacia el Oeste norteamericano reviste caracteres épicos de auténtica epopeya. En muchos casos, aquellos verdaderos pioneros eran emigrantes europeos que buscaban asentarse adquiriendo nuevas tierras vírgenes para conseguir una vida mejor. Una de estas familias, de origen irlandés y alsaciano, era la de Willa Cather (Virginia, 1873-1947) que, cuando ésta contaba tan sólo nueve años, se trasladó a las prometedoras tierras de Nebraska junto a otros colonos de origen checo y escandinavo.

Habiendo conocido este proceso de primera mano, no es de extrañar que Cather sea una de las escritoras que mejor han narrado esta epopeya con tonos depurados y líricos que no ocultan su dureza pero tampoco la altura humana de aquellos valerosos pioneros.

Contemporánea de Sinclair Lewis, Jack London o Theodore Dreiser, sin embargo Cather es considerada una novelista puente entre éstos y la llamada Generación Perdida de los Hemingway, William Faulkner o Steinbeck. Su primera obra publicada fue ‘El puente de Alexander’ pero la fama le llegaría con la siguiente: ‘Pioneros’, protagonizada por una audaz muchacha que, tras la muerte de su padre, se hace cargo de la familia y logra cosechar en sus tierras a pesar de tener que desafiar las convenciones sociales. Tras ella, vendría una de sus novelas más conocidas, ‘Mi Antonia’ y, poco después, ‘El canto de la alondra’, basada en la vida de la soprano Olive Fremstad.

Trasunto de ella es la protagonista, Thea Kronborg, una joven de origen sueco con grandes dotes para el canto que, pese a haber nacido en un poblado ferroviario de las grandes praderas norteamericanas, logra convertirse en estrella del Metropolitan Ópera House de Nueva York. La obra es un canto al esfuerzo y el afán de superación pero también un homenaje a aquellos que, aun consiguiendo el éxito, mantienen los pies en el suelo, pues la heroína siempre mide el valor de las cosas por los seiscientos dólares que le dejó su amigo Kennedy, un ferroviario, con la condición de que los utilizase para estudiar en Chicago.

Tras esta novela, todavía publicaría Cather un gran relato: ‘Uno de los nuestros’, protagonizada por Claude Wheeler, un muchacho de Nebraska que debe participar en la Primera Guerra Mundial, a través de cuya figura la escritora contrapone el mundo primitivo y puro de los primeros colonos con el mezquino y codicioso que veía aproximarse. Sin duda, Cather es una extraordinaria escritora que brindó testimonio de una época en que valores como el trabajo, el esfuerzo y la solidaridad estaban a la orden del día.

Fuente: Willa Cather Foundation.

Foto: Paul Lowry.

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