‘El hombre de los círculos azules’, de Fred Vargas

Unos misteriosos mensajes escritos en las aceras de París siembran el gozo entre los periodistas y la preocupación en el comisario Adamsberg.

Coche de policia francesa

¿Qué mueve a una historiadora y arqueozoóloga a convertirse en escritora de novela policíaca? Desde luego, la afición por el género pero la mejor respuesta podría dárnosla Frédérique Andouin-Rouzeau (París, 1957), mejor conocida en la Literatura por su pseudónimo: Fred Vargas, una de las mejores autoras del género en Francia y que también tiene esas profesiones. Claro que, en su caso, debe haber algo genético, ya que es hija de Philippe Audoin, escritor próximo al movimiento surrealista de André Breton.

En cualquier caso, Vargas nos ha brindado uno de los grandes personajes de la narrativa policíaca, el comisario Jean-Baptiste Adamsberg, protagonista de la gran mayoría de sus obras. Solitario y despistado, resuelve los casos más por su gran intuición que por razonamiento. De hecho, gracias a ésta ha conseguido ascender hasta llegar a dirigir la Brigada Criminal de París.

No obstante, proviene de los bajos Pirineos y frisa la cincuentena. Entre sus colaboradores más cercanos, destaca el inspector Adrien Danglard, una suerte de contrafigura del protagonista, ya que es metódico y racional a pesar de que bebe abundantemente. Tampoco podía faltarle al comisario una pareja. Ésta es Camille Forestier, con quien mantiene una relación difícil y que le ha dado un hijo al que conocemos en ‘El ejército furioso’. Pero, sobre todo, Adamsberg tiene un olfato inigualable para vislumbrar un caso donde otros sólo ven hechos curiosos.

Así ocurre en ‘El hombre de los círculos azules’, la novela donde aparece por vez primera el comisario (antes, Vargas había escrito otros dos relatos policíacos, uno de los cuales, ‘Los juegos del amor y de la muerte’, le había granjeado el Premio del Festival de Cognac). Desde hace varios meses, París se despierta con unos extraños mensajes escritos con tiza sobre las aceras a los que siempre acompaña un objeto. La prensa está encantada con tan intrigante noticia e incluso los psicólogos elaboran teorías sobre el autor. Sin embargo, Adamsberg presiente que esos mensajes contienen, bajo su incongruencia, mucho de crueldad. Y, desgraciadamente, el tiempo no tardará en darle la razón.

Podríamos decir que el desarrollo de la novela es tan anárquico como el pensamiento del comisario pues el caso se resuelve mediante una serie de coincidencias y piruetas mentales. Es éste un rasgo común a todas las obras que Vargas le hace protagonizar y que menoscaban su calidad como narraciones policíacas, por otra parte, muy estimable.

Vía: Editorial Siruela.

Foto: Andrij Bulba.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...