El padre Feijoo, azote de supersticiones

El pasado 26 de septiembre, se cumplieron 250 años desde la muerte del autor de ‘Teatro Crítico Universal’, uno de los grandes eruditos del siglo XVIII europeo.

Estatua Padre Feijoo

El pasado 26 de septiembre se cumplieron dos siglos y medio desde la muerte en una pequeña celda del monasterio ovetense de San Vicente del fraile benedictino Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (Casdemiro, 1676-1764). Considerado el introductor en España del género ensayístico en sentido moderno, escribió una obra enciclopédica que buscaba erradicar la superstición y los prejuicios entre sus conciudadanos: el ‘Teatro Crítico Universal’, cuyo subtítulo ya señalaba su intención: “desengañar” de errores frecuentes en todas las materias.

Nacido en una pequeña aldea de la provincia de Orense y formado en Artes, Teología y otras disciplinas, llegó a Oviedo en 1709 para ejercer como maestro de novicios del citado monasterio y ya no se movería de la ciudad asturiana hasta su muerte.

Ello no le impidió ser Consejero Real de Fernando VI ni que su prestigio se extendiera por media Europa, ya que el ‘Teatro Crítico’ fue traducido al francés, portugués, alemán, inglés e italiano. Y no deja de resultar sorprendente que un humilde fraile fuera capaz por sí solo de crear una obra tan extraordinaria que removió los mismos cimientos de la cultura española de la época. Buena prueba de ello son los numerosos partidarios y aún más ingentes detractores que tuvo. Entre los primeros, su fiel amigo el doctor Martín Martínez y el padre Isla, y, en cuanto a los segundos, Salvador José Mañer, fray Francisco de Soto Marne o el propio Diego de Torres Villarroel.

De cualquier forma, ninguno le hizo desistir de su actitud. Y no podemos olvidar que su ‘Teatro Crítico’ es anterior por unos años a la famosa ‘Enciclopedia’ francesa. Imposible es comentar en estas líneas la colosal obra del benedictino. Sí diremos que el ‘Teatro Crítico Universal’ consta de ocho volúmenes que contienen más de cien ensayos sobre disciplinas tan diversas como Filosofía, Matemática, Derecho, Filología y Literatura o Astronomía.

Pero, en sus escritos, Feijoo no sólo analiza el saber de su tiempo y desmiente bulos sino que también da noticia de las principales novedades científicas que se estaban produciendo en aquel mismo momento. Y todo ello, acorde con su propósito divulgativo, utilizando un estilo sencillo, casi coloquial. Aún más amena es la otra gran obra del benedictino, las ‘Cartas eruditas y curiosas’, que en buena medida continúa a la anterior pero, además y como su propio título indica, contiene un sin fin de anécdotas singulares. Fue, en suma, Feijoo un sabio en el más amplio sentido de la palabra pero, sobre todo, un excepcional divulgador. Probablemente sea el suyo el único caso en la Historia de que un rey (el citado Fernando VI) prohíbe que se ataquen las obras de un intelectual.

Vía: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Foto: José Antonio Gil Martínez.

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