‘El último septiembre’, de Elizabeth Bowen

Un retrato de la decadencia de la aristocracia británica escrito con estilo elegante, lírico y plagado de sugerencias.

Mansión Christchurch

La Primera Guerra Mundial supuso, además de una gran tragedia humana, el fin de una era. El mundo aristocrático de palacios opulentos y grandes fiestas cayó en absoluta decadencia para ceder el paso a otro tiempo. Esto se hizo muy visible en naciones como el caído Imperio Austro-Húngaro. Pero también en Reino Unido, que, desde la época victoriana, poseía una clase alta que había hecho del lujo y la ostentación su modo de vida.

Hubo varios escritores ingleses que retrataron en su novelas la desaparición de aquel mundo aristocrático y, en buena medida, decimonónico: Edward Morgan Foster en ‘Howard’s End’ o Evelyn Waugh con ‘Retorno a Brideshead’ son buenos ejemplos de ello. Y también la irlandesa Elizabeth Bowen (Dublín, 1899-1973) en relatos como ‘El último septiembre’.

Integrante del famoso Círculo de Bloomsbury -así llamado porque se reunía en la casa de ese barrio de Londres donde vivía Virginia Woolf junto a su marido-, Bowen decidió muy pronto ser escritora. Ya antes de la Segunda Guerra Mundial había conseguido mucha fama gracias a novelas como ‘El hotel’, ‘La casa en París’ y ‘La muerte del corazón’, ésta última considerada su obra más lograda. Ya en ella mostraba la lujosa vida de las clases altas en las figuras de Thomas y su esposa Anna, que acogen a la medio hermana de él, Portia Quayne, y criticaba su falta de sensibilidad.

A esta etapa de entreguerras pertenece así mismo ‘El último septiembre’, publicada concretamente en 1929. Nos traslada a la mansión Danielstown en plena Guerra de Independencia de Irlanda (1919-1921). Los ociosos habitantes de la casa entretienen su tiempo entre fiestas y partidos de tenis mientras en las proximidades se oyen los tiros y se ven los incendios provocados por el conflicto. Por su parte, las muchachas -como la protagonista- reciben las visitas de los soldados de permiso.

La novela posee un estilo caracterizado por su elegancia y lirismo, con brillantes metáforas que hacen de la sugerencia un arte. No en balde, Bowen es considerada una de las mejores novelistas británicas del siglo XX. En cuanto a sus obras posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cabe destacar ‘El calor del día’, en la que refleja el Londres asolado por las bombas, ‘Un mundo de amor’ o ‘Eva Trout’. No le faltaron reconocimientos: en 1948, fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico y, años después, la Universidad de Oxford le otorgó el Doctorado Honoris Causa.

Vía: ‘Headington History’.

Foto: Rob.

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