En el aniversario de Gaspar Melchor de Jovellanos

Gran figura de la Ilustración española, fue poeta, dramaturgo y prosista. Hoy cinco de enero se cumplen doscientos setenta años de su nacimiento.

Placa Calle Jovellanos

No es precisamente el siglo XVIII el que más brillantes frutos dio a la Historia de la Literatura Española. Presidido por el espíritu ilustrado, su afán docente menoscabó la calidad literaria. Sin embargo, también cuenta con destacados escritores. En el teatro, es imprescindible mencionar a Leandro Fernández de Moratín, Vicente García de la Huerta y al sainetista Ramón de la Cruz; en la poesía, a Juan Meléndez Valdés y a los fabulistas Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego, y, en la prosa, al erudito Benito Jerónimo Feijoo y a los narradores José Cadalso y José Francisco de Isla.

Pero, quizá, la gran figura de aquella centuria sea Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-1811), de cuyo nacimiento se cumplen hoy cinco de enero doscientos setenta años y que, en consonancia con el siglo, fue un verdadero espíritu ilustrado.

Capaz de abarcar todos los géneros, además participó en política y llevó a cabo varios proyectos educativos como la fundación del Real Instituto de Náutica y Mineralogía en su ciudad natal. Entre otros cargos públicos fue Secretario de Gracia y Justicia –equivalente al Ministro de hoy- y en su honor hay que decir que, con la invasión francesa y llamado por José Bonaparte para colaborar en su gobierno, se negó a hacerlo. En cambio, formó parte de la Junta Patriótica Central. Pero lo que aquí nos interesa es su labor literaria. Como poeta, formó parte de la llamada «Escuela Salmantina», caracterizada por su inclinación al clasicismo, con el pseudónimo de «Jovino».

En cuanto a su prosa ilustrada y reformadora, publicó numerosos textos entre los que destacan el ‘Informe en el expediente de la Ley Agraria’ y la ‘Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos públicos’. Incluso cultivó el teatro con dos obras: la tragedia ‘Pelayo o la muerte de Munuza’, recreación ficticia del enfrentamiento entre estos dos personajes históricos a causa de Dosinda, hermana del primero y con la que pretendía casarse el segundo, y ‘El delincuente honrado’.

Teatro Jovellanos, Gijon

Es ésta última una pieza lacrimógena al estilo francés que cuenta la trágica historia de Torcuato, un condenado a muerte. Responde al afán moralizador de la Ilustración pero introduce elementos que anuncian el Prerromanticismo en ciernes. Sin embargo, donde probablemente hallamos -literariamente hablando- lo mejor del escritor asturiano es en su correspondencia y, sobre todo, en sus obras de temática diversa. En cuanto a la primera, destacan sus ‘Cartas a Antonio Ponz’, también tituladas ‘Cartas del viaje de Asturias’ por narrar en ellas uno de los periplos que realizó a su tierra al tiempo que muestra sus impresiones acerca del atraso del país.

Y, respecto a las segundas, extraordinaria es su ‘Memoria del Castillo de Bellver’, fortaleza mallorquina donde estuvo encerrado por un tiempo. En ella, muestra sus conocimientos sobre Arte con una prosa limpia y bellísima. Incluso se atrevió Jovellanos a traducir algunas grandes obras de la Literatura Universal como la ‘Ifigenia’ del galo Jean Racine. En suma y como decíamos, el polígrafo asturiano es quizá la figura más destacada de las letras españolas en el siglo XVIII, un hombre con grandes ideas reformadoras al que muy pocos hicieron caso. Es más, siguiendo la sempiterna tradición cainita española, sufrió persecución, destierro y cárcel.

Vía: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Foto: @Ondas de Ruido y Reservas de coches.

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