‘Y no dijo una sola palabra’, de Heinrich Böll

Premio Nobel de Literatura en 1972, Heinrich Böll fue, además de un magistral escritor, un hombre íntegro que no dudó en elevar su voz contra aquello que consideraba injusto, aún a fuerza de ir contra sus propias ideas personales.

Vista de Colonia
Aunque no ha tenido nunca la difusión mediática que se ha otorgado a otros colegas de su país, el germano Heinrich Böll (Colonia, 1917-1985) es, sin duda, uno de los grandes autores de la literatura alemana posterior a la Segunda Guerra Mundial. Profundamente íntegro, nunca dudó en criticar lo que consideraba negativo, aunque ello chocase contra sus convicciones, y siempre estuvo de parte de los desheredados.

En 1972, le fue concedido el Premio Nobel de Literatura en reconocimiento a que, “por su combinación de una amplia perspectiva sobre su tiempo y una habilidad sensible en la caracterización, ha contribuido a la renovación de la literatura alemana”. Y es que, en efecto, pocos han modernizado técnica y argumentalmente la narrativa de su país como él.

Fue, además, Böll un hombre lúcido, capaz de denunciar a la prensa sensacionalista cuando ésta se hallaba aún en sus albores en novelas como ‘El honor perdido de Katharina Blum’. Pero quizá sus mejores obras sean aquéllas que retratan la brutal experiencia de la Segunda Guerra Mundial –en la que él participó en diversas batallas- y las penurias que atravesó Alemania tras el conflicto. Fue su primera etapa narrativa, a la que definió como “literatura de guerra, ruinas y retorno a la patria” y se compone de una serie de novelas y relatos breves. La primera de ellas fue ‘El tren llegó puntual’, sobre un soldado que retorna al frente tras un permiso convencido de que morirá pronto. Sin embargo, resulta ser el único superviviente de su grupo.

Tras ella, vendría ‘Y no dijo una sola palabra’, publicada en 1953 y que ya muestra alguna de las novedades técnicas que Böll fue incorporando a sus obras. El protagonista es Fred Borgner, un hombre católico recién licenciado tras la guerra que malvive trabajando como telefonista. Sale de su letargo cuando su esposa Kate decide marcharse con sus tres hijos a causa de que él no puede proporcionarles una vivienda digna.

Esta circunstancia sirve a Böll para reflexionar acerca de cómo una sociedad que se confiesa católica se ha alejado del espíritu evangélico. La obra está desarrollada a dos voces, pues los capítulos son narrados en primera persona alternativamente por Fred y por su mujer. A ello se añade la profundidad descriptiva y un lenguaje denso que se vale de la repetición de palabras como recurso para conseguir musicalidad. Es, sin duda, una de las grandes novelas de Heinrich Böll.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Jay 8085.

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