‘La muerte del decano’, de Gonzalo Torrente Ballester

El autor de ‘Los gozos y las sombras’ nos brindó, en este caso, una novela de tono detectivesco con el mundo académico por trasfondo.

Ferrol

En el panorama de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX, hubo dos nombres fundamentales y un tercero, en este caso, en concordia. La producción de estos tres escritores recorre todas las tendencias que siguió aquella durante ese tiempo y siempre con excelente calidad literaria. Los dos primeros fueron Camilo José Cela, Premio Nobel en 1989, y Miguel Delibes, que, si bien obtuvo el Cervantes, también debería haber conseguido el galardón de la Academia Sueca.

Y el tercero, que no en discordia, fue Gonzalo Torrente Ballester (El Ferrol, 1910-1999), profesor y académico de la Lengua cuya trayectoria se inicia en 1943 con la novela autobiográfica ‘Javier Mariño’ y culmina el mismo año de su muerte con ‘Doménica’, su única obra destinada al público infantil.

Entremedias, abordó casi todos los géneros narrativos: en ‘El golpe de estado de Guadalupe Limón’ se acerca a la novela de dictador al estilo del ‘Tirano Banderas’ de Valle-Inclán; con ‘Don Juan’, recupera el mito del burlador; se adentra en las tendencias experimentales en ‘La saga/fuga de J. B.’; juega con espías en ‘Quizá nos lleve el viento al infinito’; ‘La rosa de los vientos’ es un relato epistolar y ‘Crónica del rey pasmado’ una novela histórica con grandes dosis de humor y, en fin, vuelve a lo autobiográfico en ‘Los años indecisos’. Mención aparte debe hacerse de su trilogía ‘Los gozos y las sombras’, relato sobre el caciquismo en Galicia y que, sin duda, es su mejor obra.

Sin embargo, en toda esta variedad de tendencias narrativas, lo que nunca ha abandonado a Torrente es un profundo sentido del humor nacido de su habilidad para la ironía tanto en sentido humano como literario.

Quizá falta en esta enumeración una novela policíaca. Y ésta es ‘La muerte del decano’, publicada en 1992. Un prestigioso historiador que ocupa ese cargo en una universidad gallega confiesa a su mejor amigo que, probablemente, esa misma noche van a asesinarlo debido a un asunto académico. Después cena con su discípulo Enrique, que está escribiendo un libro con él. Pocas horas más tarde, el decano aparece muerto.

Todo el mundo duda entre la hipótesis del suicidio o la del asesinato. Sin embargo, el fuerte carácter de la víctima resta valor a la primera posibilidad. Todas las sospechas se ciernen entonces sobre Enrique, ya que entre ambos existía un secreto acerca de un posible plagio. Por otra parte, quizá el veterano profesor se deprimió al verse superado por su brillante pupilo y sí se quitó la vida. En definitiva, ‘La muerte del decano’, sin ser la mejor novela de Torrente Ballester, no deja de ser una obra interesante y bien escrita.

Vía: ‘Club Cultura’.

Foto: Dorfun.

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