La tormenta, el simbolismo de August Strindberg

El teatro del sueco August Strindberg representa, primero, una reacción realista contra los excesos del Romanticismo y, más tarde, la introducción del Simbolismo en la dramaturgia. ‘La tormenta’ pertenece a esta segunda etapa y presenta a un anciano que reflexiona sobre su vida.

Como el Romanticismo, en casi todos los países, terminó degenerando en excesos que poco tenían que ver con la calidad literaria, era inevitable que se produjese una reacción contra él. Ésta vino representada primero por el Realismo y, poco más tarde, por el Naturalismo de Emile Zola, que además se basaban en postulados filosóficos diferentes y más acordes con los tiempos.

Respecto al teatro, en los países nórdicos, las nuevas tesis literarias vinieron representadas primero por la figura de Henrik Ibsen y, poco más tarde, por el sueco August Strindberg (Estocolmo, 1849-1912), personaje de vida peculiar y atormentada cuyas inquietudes se ven reflejadas en sus obras. Incluso durante un tiempo fue incapacitado mentalmente a causa de sus desajustes psíquicos, que precisamente confieren a su obra una especial intensidad y dramatismo.

August Strindberg en el centro de la foto

August Strindberg -en el centro- es uno de los principales dramaturgos contemporáneos.

Dos etapas se suelen señalar en ella. La primera es claramente naturalista y en este periodo uno de sus temas favoritos es el ataque a la institución matrimonial (él estuvo casado tres veces y todas ellas constituyeron un fracaso). Sobre ello trata, por ejemplo, ‘El padre’ pero su principal obra de esta etapa –y quizá la mejor de toda su creación- es ‘La señorita Julia’, que presenta las desgraciadas relaciones entre un ambicioso lacayo y la hija desequilibrada de un conde y que fue llevada al cine por Alf Sjöberg y convertida en ópera.

Por su parte, la segunda fase de su obra posee más bien un carácter simbolista y constituye una importantísima aportación a la modernización del teatro contemporáneo. Porque en textos como ‘El sueño’ o ‘Espectros’, Strindberg se olvida de los cánones del Realismo y rompe los corsés escénicos de la dramaturgia, además de introducir nuevos efectos en la representación. A esta etapa pertenece igualmente ‘La tormenta’, que nos muestra a un anciano que reflexiona sobre su vida pasada al tiempo que en el exterior se produce un fuerte aguacero acompañado de rayos y truenos.

La función simbólica de esta tormenta como imagen de los recuerdos del protagonista y, sobre todo, de la amenaza de la muerte que se cierne sobre él es evidente. Y es que pocos han manejado el simbolismo en la escena como Strindberg. No es casual que sus obras continúen representándose hoy por todo el mundo –algo que nos da idea de su modernidad– y que grandes dramaturgos posteriores como Eugene O’Neill, Sean O’Casey o el propio Luigi Pirandello hayan reconocido su magisterio.

Fuente: Alternativa Teatral.

Foto: Kungliga Biblioteket.

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