‘Las confesiones de un italiano’, de Ippolito Nievo

Un gran fresco sobre la historia del país transalpino a lo largo de los siglos XVIII y buena parte del XIX.

Atardecer desde Rialto

La historia de la península italiana durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX desmerece bastante al esplendor vivido en el pasado. Fraccionada en territorios repartidos entre las grandes potencias europeas, sería precisamente tras las guerras napoleónicas cuando resurgiría el nacionalismo en su territorio. A partir de ese momento, las décadas siguientes estarían dominadas por constantes conflictos armados hasta llegar a su definitiva unificación en 1870.

Buena culpa de ese renacimiento del espíritu nacional o “Risorgimento” la tuvo el Romanticismo, entre cuyos rasgos se hallaba precisamente la exaltación patriótica. En consecuencia, los grandes intelectuales italianos del momento se sumaron a él: Giuseppe Mazzini, creador de ‘La Joven Italia’, el filósofo Vincenzo Gioberti, Cesare Balbo, Alessandro Manzoni o Massimo D’Azeglio.

Pero uno de los más activos fue Ippolito Nievo (Padua, 1831-1861), quien luchó contra los austríacos en la guerra de 1859 y, más tarde, formó parte de la Expedición de los Mil, que, liderada por Garibaldi, conquistó el Reino de las Dos Sicilias. Precisamente tras ello, quedó como Intendente de la isla y, al regresar de ésta con los documentos de aquel hecho de armas, pereció ahogado en el naufragio del vapor ‘Ercole’. Al tiempo que desarrollaba toda esta actividad, escribía sus obras. La primera de ellas fue una novela satírica titulada ‘Anti-afrodisíaco para el amor platónico’. También le debemos un delicioso volumen de cuentos inspirados en el mundo campesino del Friuli donde nació y titulado ‘Novelliere campagnolo’.

Sin embargo, la crítica es unánime al considerar ‘Las confesiones de un italiano’ como su obra maestra. Narra, justamente, la época a que nos referíamos a través de la memorias del aristócrata veneciano Carlo Altoviti. La vida de éste se entrelaza con la de su prima Pisana pero, sobre todo, la novela es -como decíamos- un fresco de la historia italiana de aquella época.

Por ella circulan infinidad de personajes que viven la caída de Venecia, las invasiones napoleónicas, el yugo austríaco o los primeros combates por la unificación. Con tintes de narración picaresca, la obra muestra sin embargo una sensibilidad romántica que no choca con el realismo de su contenido. Se trata, en suma, de una magnífica novela. No en balde, Claudio Magris, compatriota del autor y responsable de su difusión actual, ha dicho de ella: “Una obra maestra, de las muy escasas novelas italianas que se encuentran a la altura de los grandes relatos europeos del XIX”.

Vía: Editorial Acantilado.

Foto: Andrés Nieto Porras.

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