‘Picnic en Hanging Rock’, de Joan Lindsay

Una novela gótica de culto en la Literatura Australiana que tuvo enorme éxito en todo el mundo y fue llevada al cine por Peter Weir.

Hanging Rock

La singular historia de Australia, fundada como colonia penitenciaria para enviar a los presos que saturaban las cárceles inglesas a fines del siglo XVIII, hace que su breve trayectoria literaria sea poco conocida en el resto del mundo hasta los años setenta de la pasada centuria. Fue entonces, con la concesión del Premio Nobel de Literatura a Patrick White, cuando otros autores, tanto más antiguos como coetáneos, se dieron a conocer fuera de su país.

Así sucedió con Joan Lindsay (Saint Kilda East, Victoria, 1896-1984), quien precisamente por esas fechas publicó su novela más popular: ‘Picnic en Hanging Rock’, que le proporcionó fama mundial y hoy es considerada una novela de culto de la Literatura Australiana.

Sin embargo, Lindsay iba para pintora. Estudió esta disciplina en la National Gallery School de Melbourne e incluso llegó a realizar alguna exposición. Casada con el también pintor y experto en arte Daryl Lindsay (del que tomó el apellido), la escritora publicó artículos y relatos en distintas revistas de Arte y Literatura. En 1936 apareció su primera novela, titulada ‘Darkest Pondelayo’ y que era una sátira de los despreocupados turistas ingleses que visitaban Australia. Sin embargo, su primera obra reseñable data de 1962. Se trata de ‘Tiempo sin relojes’, un texto autobiográfico en el que describe sus años de matrimonio con precisión y finura.

Cinco años después apareció ‘Picnic en Hanging Rock’, que -ya lo decíamos- no tardó en convertirse en obra de culto. A ello colaboró, sin duda, la ambigüedad en que Lindsay rodeó los hechos que narraba. Nos traslada a 1900 y al sur de Australia. El día de San Valentín, las alumnas de un colegio se disponen a realizar una excursión a la zona montañosa y agreste de Hanging Rock. Pero, en el transcurso de la misma, tres de ellas y una profesora desaparecen.

Sólo una volverá pero en estado de histeria y sin recordar nada. La autora sabe dotar al relato de una aureola de misterio cercano a lo gótico y si a ello añadimos que jamás quiso aclarar si los hechos contados habían sucedido de verdad o pertenecían a su inventiva, contamos con todos los ingredientes para que la obra se convirtiese en un relato de culto para los seguidores del género. Tal fue su éxito que, en 1975, el director australiano Peter Weir la llevó al cine en lo que constituyó uno de los primeros trabajos de su carrera.

Vía: Editorial Impedimenta.

Foto: Fernando de Sousa.

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